El viaje continúa!

En este momento estamos en el aeropuerto de Jakarta, a punto de coger nuestro segundo avión de regreso a Barcelona. No os voy a engañar, tengo un nudo en la garganta y se me saltan las lágrimas mientras escribo el post. Pero lo que me invade no es la tristeza sino pura emoción (y una pizca de nostalgia).

Emoción de haber vivido todos y cada uno de los días de este viaje los dos juntos, aprendiendo de lo bueno y de lo malo. Emoción de haber visto muchos lugares y de haber conocido gentes y culturas nuevas. Emoción de sabernos diferentes de las personas que partieron de Barcelona hace ya 7 meses, habiendo crecido en el camino. Emoción de saber que este viaje continúa con nuestros proyectos individuales y conjuntos, que son muchos e importantes para nosotros. Emoción de seguir viviendo y seguir compartiendo con vosotros lo que nos queda de trayecto, que también es mucho y bueno.

Esperamos veros muy pronto a todos. Muchas gracias por acompañarnos. Os queremos! Os dejamos un resumen de fotos del viaje! Si os vais a flickr las podréis ver todas 🙂

 

Lo que pasó luego… Indonesia

Finalmente, después de 10 días de retiro sin vernos de cerca ni hablarnos, Abel y yo nos encontramos en la puerta del Dhamma Sota a la salida. Fue muy bonito el reencuentro! Teníamos mucho que contarnos y estuvimos hablando todo el día. Muchas cosas nos dijimos que nos habíamos dicho antes y muchas emociones nuevas salieron a la luz. Éramos dos libros abiertos. Fue un gran acierto hacer esto juntos porque los dos entramos en una nueva dimensión a la vez, jajaja.

Nos quedaban pocos días para disfrutar de nuestro viaje largo antes de regresar a Barcelona. Justo antes del retiro pensamos que sería mejor aprovechar estos preciosos días en un lugar un poco más tranquilo que la India. Y como nuestro vuelo a Barcelona salía desde Jakarta, Indonesia, al salir del retiro nos pillamos un avión hasta el paraíso balinés de Uluwatu. Otro gran acierto!

Nuestro avión al paraíso salía desde Jaipur el 19 de febrero, el cumpleaños del Abel!!! Oh my God! 42 tacos de hombre! jajaja. Estaba emocionado, le encanta cumplir años! Estaba feliz con sus felicitaciones pero la verdad es que le faltabais los amigos y la familia! Aun así tuvo un cumple bonito, con tarta y regalito también!

Una vez en Bali, nos quedamos en Telaga Sari Guesthouse, un sitio idílico con un precio idílico cerca de Bingin Beach. Uluwatu es un lugar de bonitas playas y ambiente surfero tranquilo, especialmente en estas fechas de temporada baja. Aquí nos dedicamos a descansar y a planificar nuestra vuelta a casa… Home sweet home. Tiempo de conclusiones y miradas cómplices que significaban cosas así como “Qué grande lo que hemos hecho”.

El viaje de regreso estaba cada día más y más cerca… Y lo vimos llegar de una manera tranquila. Todo llega y todo pasa… C’est la vie!

 

Retiro de meditación en Delhi, India

La idea de hacer un retiro de meditación Vipassana rondaba mi cabeza desde hacía tiempo por varios motivos. El primero era que aunque había leído sobre los beneficios de la meditación y había picado varias técnicas tenía la sensación de no saber cómo meditar, de estar perdiéndome algo importante. El segundo, que compartíamos Abel y yo, era que queríamos introducir la práctica de la meditación de manera regular y contundente en nuestras vidas diarias. El tercero, era que quería probarme a mí misma viviendo una experiencia personal desafiante. El cuarto, era que las personas que conocíamos que lo habían hecho hablaban maravillas de lo que les había aportado.

En qué consiste un retiro de meditación Vipassana de 10 días?

La meditación Vipassana es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India y fue popularizada por el maestro Goenka quien desarrolló todo un sistema de centros gratuitos por todo el mundo. No está relacionada con ninguna religión, secta o ideología. Es una técnica que puede practicar todo el mundo independientemente de sus creencias. Existen más de 180 centros en los cinco continentes y la cosa sigue evolucionando. En estos centros se imparten cursos de meditación de 2, 10 e incluso más días consecutivos. Nosotros hicimos un curso de 10 días en el centro Dhamma Sota de Delhi. Nuestra experiencia allí fue muy buena.

El término Vipassana significa “ver las cosas tal y como son”. Esta técnica experiencial trabaja mediante la observación objetiva de las sensaciones del propio cuerpo y se basa en el principio natural de que “todo pasa”. Es decir, todas las sensaciones que se producen en el cuerpo, debidas a cualquier factor, son pasajeras. También se basa en el principio natural de que lo que causa el “dolor” o el “sufrimiento” no es la sensación (situación) en sí, sino la connotación o juicio de valor que nosotros mismos le aplicamos.

Se trata de llegar a “dominar a nuestra propia mente” y no al revés como suele pasar. A través de la propia práctica, apoyada por una disciplina estricta y la dirección de profesores con experiencia vamos viendo cómo funciona nuestra mente y cuál es el diálogo que mantiene. La verdad es que es alucinante lo que llegamos a aprender de nosotros mismos y de lo mucho que nos hace sufrir nuestro propio EGO! Yo, mi, mío, a mí… etc, etc, etc.

La mente es puñetera y romper los patrones que nos hemos ido repitiendo como mantras una y otra vez a lo largo de nuestra vida cuesta. Por eso el curso es un tanto intenso. El horario es duro, empezando la meditación cada día a las 4:30 am, y las normas de comportamiento son estrictas, teniendo que permanecer en silencio durante el transcurso de los 10 días, tan solo pudiéndote comunicar con los profesores o el personal de apoyo para temas logísticos de la estancia. Pero se trata de hacer un ejercicio de introspección, de conocerte y la soledad te permite escuchar mucho más atentamente cuál es el diálogo de tu mente, cuáles son las sensaciones que se producen en tu cuerpo y qué es lo que te dices a ti mismo en cada momento. Se trata de una hazaña pero qué hazaña se consigue sin esfuerzo?

Un curso de meditación Vipassana de 10 días te AFIANZA en la técnica. Abel y yo no llegamos al Nirvana pero aprendimos a meditar e hicimos buenos progresos. A partir de aquí los beneficios nos los proporcionará la práctica diaria y el compromiso que cada uno quiera adquirir consigo mismo. Para nosotros sólo hay beneficios y desde entonces ahí que vamos cada día!

Os dejamos el link de los centros con toda la info por si a alguno le ha picado el gusanillo! Un abrazo infinitooooooooo…

https://www.dhamma.org/en-US/index

Jodhpur, India

Con el buen sabor de boca nos fuimos a la última ciudad del Rajastán que visitaríamos: la ciudad azul de Jodhpur. De nuevo el nombre se refiere al color del cual están pintadas las casas en la parte antigua de la ciudad, las que están cercanas al majestuoso fuerte de Mehrangarh. Jodhpur fue nuestra última etapa antes de dirigirnos al sur de Delhi donde haríamos un retiro de meditación Vipassana durante 10 días. Os contamos la experiencia en el siguiente post.

Merece la pena una visita a la ciudad de Jodhpur. Nos encantó la fortaleza del Merangarh original del s.XV, que está emplazada en la cima de la colina de 125 metros de la ciudad. Se trata de una edificación de gran riqueza arquitectónica y ornamental tanto en el exterior como en el interior que fue construida por la dinastía de los Rathores de Jodhpur. Como la cosa parecía interesante decidimos alquilar unas audioguías e ir siguiendo el itinerario con las explicaciones pertinentes. No nos equivocamos! Preciosas también fueron las vistas de la ciudad desde el fuerte.

Aun nos faltaban unas cuantas compras antes de salir de la India y como no íbamos a tener otra oportunidad igual decidimos investigar un poco para ver los mejores sitios de textil en la ciudad. Dimos con uno que tenía buenas reviews en Internet y además tenían precios cerrados. Como teníamos que hacer una buena compra y buscábamos ser lo menos timados posible optamos por esa opción. Estuvimos en la tienda unas dos horas, viendo, probando, pensando, hablando, tomando Chai y samosas picantes. El rato estuvo entretenido y salimos con lo que necesitamos.

Pasear por la parte azul de la ciudad es volver a la India ruidosa, sucia, pobre, caótica e intensa pero merece la pena perderse por allí igualmente. Es bonita y efervescente. Paseando un día descubrimos otro pozo estilo Chadh Baori pero más pequeño pero igual de bonito. Como hacía mucho calor los niños se tiraban al agua desde una altura de varios metros ante la mirada de locales y turistas que andaban por allí. Justo allí encontramos un local muy bonito donde nos pusimos a trabajar un rato con los ordenadores, mientras escuchábamos las risas y los zambullidos de los niños al caer al agua.

En Jodhpur comimos muy bien y muy barato, como en toda la India en general. Buscando por Tripadvisor y Google encontramos restaurantes muy bonitos con terrazas que daban al Mehrangarh. Las vistas no te dejan indiferente desde ningún ángulo de esta ciudad.

La India empezaba a acabarse para nosotros amigos, aunque aún nos quedaba una última experiencia vital que nos daría una vuelta de tuerca. La guinda del pastel.

Ya estábamos listos para nuestro retiro, jeje.

Os dejamos con unas cuantas fotos de Jodhpur!

 

Jaisalmer, India

Salimos de Udaipur la mar de felices y tomamos un tren que iba casi vacío hasta nuestra siguiente etapa. En la parte más occidental del norte de la India se encuentra la ciudad del desierto: Jaisalmer. Donde pasamos de dibujar camellos a verlos en primera persona. Para ello no tuvimos que esforzarnos demasiado porque cuando llegamos empezaba el Festival del desierto que se celebra anualmente en la ciudad. Menuda suerte!

El Festival del desierto tenía lugar a las afueras de la ciudad en un recinto deportivo de arena, inmenso, con gradas para sentarse. Habían colocado una gran carpa de telas para dar cobijo del Sol a los asistentes donde nos dirigimos cuando el calor empezó a apretar. El lugar estaba abarrotado de gente de todas las edades y el ambiente era alegre y festivo. En el programa había actividades deportivas; concursos, como el famoso de bigotes del Rajastán; o cursas, como la tradicional carrera de mujeres que transportan botijos de agua en la cabeza y que ganó una inglesa este año. Lo que más nos gustó fue la marcha de camellos ataviados con las vestiduras de fiesta de la zona. Una pasada como esta gente ha conseguido domar a estos animales.

La pequeña ciudad de Jaisalmer se conoce también como la Ciudad Dorada debido al color amarillento de la piedra arenosa con la que están construidas todas las edificaciones. La ciudad se constituye alrededor de su famoso fuerte amurallado que se ilumina por las noches con una luz cálida que le da un toque muy romántico. Nosotros nos perdimos entre las calles del fuerte para ver las casas amarillas y observar la riqueza de la piedra esculpida. Todos los rincones tienen muchos detalles grabados. El fuerte está lleno de puestos y tiendas para turistas pero también es un lugar donde la gente tiene sus casas, por lo que es un lugar vivo noche y día.

En Jaisalmer contratamos un safari en camello para adentrarnos en el desierto. Lo hicimos a través de la agencia Trotters de la que leímos muy buenos comentarios que nos parecieron sostenibles en todos los sentidos. Salimos a las 7 de la mañana en jeep hacia el desierto. Allí conocimos a nuestros compañeros de viaje, un grupo muy guapo de viajeros de largo tiempo, como nosotros. También conocimos a nuestros guías, hombres duros del desierto y por fin, a los camellos. Desayunamos bien con té Chai Masala recién hecho y nos pusimos en marcha. La experiencia de montar en camello es bastante curiosa. Son animales dóciles pero con carácter. Son fuertes pero lentos y no paran de masticar hacia ambos lados y de hacer ruidos guturales. La primera hora encima de un camello se aguanta bien pero a partir de entonces empiezas a notar como los abductores y el culillo se empiezan a cargar pero bien.

El desierto del Rajastán no es como el del Sáhara con sus infinitas dunas de arena amarillenta. Es más bien una zona muy árida, rocosa, llena de arbustos y plantas secas. Durante las marchas en camello nos encontramos pequeñas aldeas de pastores y alguna pequeña carretera. Nos detuvimos a comer bajo la sombra del único árbol que había por allí. Los hombres cocinaron para nosotros rica comida de la zona. Emprendimos la marcha hasta el punto donde pasaríamos la noche mientras nuestro guía nos contaba cosas sobre los camellos y la vida en el desierto.

Llegamos a una pequeña zona de dunas bajas de arena donde dormiríamos a la intemperie. Hacía calor allí y se disiparon mis dudas sobre el frío que pudiéramos pasar por la noche. Por la tarde, antes de cenar vimos la preciosa puesta de Sol en las dunas. Cabe decir que en la India hemos visto las mejores puestas de Sol de nuestra vida. No sabemos si es por la niebla que las envuelve o por el hecho de ser un país plano que te permite ver siempre el cielo, pero el caso es que son de película siempre.

Por lo visto llegamos a Jaisalmer justo cuando teníamos que llegar! Resulta que esa misma noche que pasamos al raso en el desierto se iba a producir un eclipse total de Luna. Y vaya si se produjo! Cuando cayó totalmente el Sol pudimos ver como la sombra de la Tierra al pasar frente al Sol se proyectaba perfectamente en la súper Luna que además estaba llena y brillante a máximo nivel. Durante el eclipse pudimos ver todas las estrellas del hemisferio norte, las que ya conocemos desde España. Pero cuando el eclipse pasó, la luz de la Luna era tan potente que apagó todas las estrellas con su claridad. Pasamos de no ver nada en la noche cerrada a poder ver hasta donde nuestra vista de perdía en las dunas de a lo lejos. Una pasada! Parecía una farola la Luna!

En fin, nuestro paso por Jaisalmer fue una gran aventura. La amabilidad de la gente del Rajastán volvió a ser la tónica de esta etapa. Estamos muy felices de que la suerte nos acompañara tanto allí, valió mucho la pena. Aquí tenéis unas cuantas fotos!

Udaipur, India

Llegamos a Udaipur muy pronto en la mañana. Rajat, nuestro anfitrión en Jaipur nos recomendó una visita a esta bonita ciudad del Rajastán y la verdad es que fue todo un acierto. Nuestra experiencia aquí fue muy agradable y auténtica. Gran parte de la culpa la tuvo el alojamiento que encontramos en el casco antiguo. Cabe decir que desde que dejáramos Varanasi, habíamos puesto mucho más empeño en encontrar buenos sitios donde quedarnos. Consideramos importante gastarnos un poco más y prestar más atención a los comentarios de los huéspedes, para no volvérnosla a jugar con esto. En Udaipur dimos en la diana con la Lassi Guesthouse. Emplazado en una callecita sin tráfico de la ciudad vieja, el edificio de 3 plantas estaba restaurado de hacía pocos años. Las paredes eran de un blanco inmaculado y estaba totalmente decorado con las pinturas y ornamentaciones típicas del Rajastán, con motivos geométricos y florales. Lo regentaba una familia al completo. El padre era pintor, los hijos mayores se encargaban de las reservas, del restaurante y de los clientes, y los pequeños echaban una mano barriendo o haciendo recaditos.

Nuestra habitación era muy bonita y acogedora, con una ventana que permitía que entrara luz natural. El restaurante que estaba en la terraza era un lugar perfecto para relajarse o trabajar. Además el tiempo en Udaipur fue especialmente benévolo. Hacía calor y brillaba siempre el Sol. Además todo el mundo era realmente amable. Gente abierta, humilde y sonriente. Nos sentimos muy bien acogidos y realmente pudimos ver la cara amable que habíamos estado buscando en este país.

Además Udaipur resultó un lugar muy bonito. La ciudad se desarrolla alrededor del tranquilo lago Pichola por el que se puede dar un paseo en barca. Las calles céntricas son un poco más caóticas y turísticas, llenas de puestecitos de todo tipo y restaurantes. Pero si te sales del meollo el resto es bastante tranquilo. En Udaipur fuimos a ver el imponente City Palace, de una grandeza y riqueza sorprendentes, la colección de coches de época de los Maharajas de la ciudad donde destacamos el Rolls-Royce Phantom y la preciosa Royal Enfield clásica. Estaba lleno de motos de esa marca por todos sitios. Y como soñar es gratis, me dieron ganas de llevarme una para Barcelona!

En Udaipur nos perdimos por la ciudad, visitamos los parques, los templos hindús más importantes, nos sentamos al sol en los ghats en la orilla del Pichola y nos pusimos finos de comer rica comida India. Somos realmente muy fans. Por eso, decidimos hacer un curso de cocina en el hotelito. Nos enseñaron a cocinar las famosas Dal Fry (lentejas), Bagan Bharta (Berenjena con curry especiado), Espinacas con Paneer (el queso típico), Chapati (pan de harina de maíz) y Chai Masala (té de especias con leche). Luego nos pegamos un homenaje con todo aquello. Qué rico!

Aprovechando la tranquilidad y la fase creativa por la que estábamos pasando me apunté a un curso de pintura exprés, típica del Rajastán. El padre artista del hotel se ofreció a enseñarme a pintar un camello del desierto a la acuarela. Me encantó la experiencia de dibujar de nuevo. Hay muchos lugares en la ciudad donde se ofrecen cursos.

Y hasta aquí nuestro paso por Udaipur, un destino indispensable del Rajastán. Os dejamos con unas cuantas fotos. Besos!

Jaipur, India

Nuestra salida de Agra fue mítica, jejeje, la recordamos a menudo. Resulta que no habíamos tanteado los billetes de tren con antelación y nos habíamos quedado sin unos buenos pases. Por lo que decidimos probar el autobús. Además, Jaipur no estaba demasiado lejos de Agra. Tan solo a unas 5 horas y media por carretera.

El día anterior a nuestra marcha nos pasamos por la estación de autobuses para ver el panorama. Después de unas vueltas dimos con una pequeña agencia de viajes que vendía billetes a Jaipur muy bien de precio. Al preguntar cuál sería el autobús en el que viajaríamos nos señaló un vehículo blanco, relativamente nuevo. Lo que venía siendo un autocar de gama media en España. La idea nos pareció muy bien y al día siguiente nos presentamos en el chiringuito para emprender el viaje. Pagamos el boleto y esperamos a que partiera el siguiente autocar. Hasta ahí todo bien.

De repente el de la agencia metió un respingo y nos hizo señas para que levantáramos  el campamento, que era la hora de irse. Cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que nos querían meter dentro de una carraca de autobús de la etapa colonial que iba hasta las trancas de gente. Efectivamente nosotros le dijimos que ese no era el autobús que habíamos pagado. Pero por más que le dijéramos o yo le gritara, el tipo ni siquiera nos miraba, nos ignoraba completamente. Nos dijeron que nos tenían reservados dos asientos al final e, inocentes de nosotros, nos metimos en el autobús, mascullando de todo por la boca y pidiéndole por favor que dejara de mentirnos. De nuevo resultó un timo a medias. Nos metieron a los dos en una litera de uno, donde íbamos como sardinas. El autobús arrancó para Jaipur con nosotros cabreados como monas. Para más inri el bicho no iba directo sino que se trataba de un autobús de línea por lo que hizo nosecuantas paradas antes de tomar la carretera. Por no hablar de la inexistente suspensión. Parecía aquello el saltamontes de la feria del barrio.

En fin, cuando nos quedamos a gusto de cagarnos en la situación y se nos pasó el cabreo pudimos empezar a mirar mejor lo que había a nuestro alrededor. Se trataba de un autobús al uso en India, muy viejo, sucio, con mucha más gente que la que permitía la capacidad. En realidad nosotros fuimos afortunados porque aunque no teníamos asientos, al menos no nos tocó ir de pie durante las 6 horas y media de trayecto, como fue el caso de varios de los allí presentes.

La verdad es que hasta la fecha habían sido muchas las ocasiones en las que lo pagado no era lo servido. Nos habían engañado a menudo y nos sentíamos cansados, desconfiados y enfadados. Con la sensación de indefensión a flor de piel. Menos mal que eso se acabó al entrar en el Rajastán, la región más visitada del país, y cuya capital era la gran ciudad de Jaipur.

En Jaipur reservamos una habitación en la casa de Rajat, un joven economista muy pilas que además tenía un don como anfitrión. Aquí nos sentimos como en casa y aprovechamos bien para descansar un poco, acabar de curarme el constipado interminable y tomar fuerzas para la siguiente etapa del viaje en la India. Entre cabezaditas y películas fuimos a descubrir las joyas de Jaipur.

Decidimos empezar por el casco antiguo, más conocido como la Ciudad Rosa de Jaipur. El nombre se debe al color con el que están pintadas todas las edificaciones, imitando la arenisca rosada que simboliza la suerte y la hospitalidad de la capital. El primer día nos dimos una vuelta por los concurridísimos bazares de la Ciudad Rosa y aprovechamos para comprar plata, muy famosa en la región. Comprar en la India es todo un protocolo cuando se trata de textiles, artesanía o joyas. Los dependientes te acomodan, te ofrecen té y en ocasiones comida, y te hacen un despliegue generoso de todos sus productos. El regatee es parte indispensable en más de un comercio por lo que nos tocó participar para ver quien se llevaba el gato al agua. Este día salimos victoriosos!!! Ueeeee!!! Estuvo muy divertido este primer contacto con la ciudad.

En los días siguientes también visitamos los emblemáticos palacios de Hawa Mahal, Chandra Mahal y Mubarak Mahal. Especialmente los dos últimos llenos de mucha riqueza ornamental y arquitectónica al tratarse de la sede residencial del Maharaja de Jaipur por muchos años. También nos acercamos al observatorio astronómico de Jantar Mantar construido en 1728 por el Maharaja Jai Singh, un apasionado de la guerra y de la astronomía. Se trata de un lugar lleno de gigantescos relojes y medidores solares de mucha precisión. Contratamos a un guía local para que nos explicara todo aquello pero el único que se enteró fue Abel, yo no pillaba el acento indio del buen señor. Y a decir verdad, tampoco entendía mucho las latitudes y las longitudes, etc. Menos mal que Abel me dio luego una clase privada para aprobar el examen! Desde Jaipur hicimos también una excursión de día al Foso de Chad Baori en Abhaneri. Lo explicamos en el post del mismo nombre.

Salimos de Jaipur de una manera muy diferente a la que habíamos llegado. Estábamos contentos, descansados y de nuevo con la energía que se necesita para un viaje por la India. Teníamos una cierta sensación de controlar la situación y eso lo cambió todo. El Rajastán nos mostró sus bellezas y también su amabilidad. Os lo contamos a continuación.

Aquí tenéis un resumen de las fotos de Jaipur! Abrazos infinitos.

Taj Mahal, Agra (16-19Ene2018)

Nacho, un buen amigo, tiene una frase mítica que le va perfecto al Taj Mahal:

Hay lugares, que has escuchado tanto hablar, has visto tantas fotos, que cuando los ves cara a cara, te desilusionan

Y ESTE NO ES EL CASO CON EL TAJ MAHAL! Este lugar te ilusiona.

La logística para verlo fue un poco complicada. Primero madrugón para ver el Taj Mahal con el amanecer. A decir verdad, yo empiezo a estar un poco hartito con tanto amanecer y los madrugones. Prefiero los atardeceres, llamadme loco.

Al llegar a la puerta a las 5.45am nos dicen que hasta las 6.45am no abren. Terror! Un frío húmedo sin piedad y unos cuantos guiris haciendo ya cola para comprar la entrada..

Decidimos aguantar el frío como unos machotes viajeros. Conseguimos comprar la entrada, corriendo a la puerta y ya había una buena cola. Nosotros preocupados por no llegar a ver el amanecer. Conseguimos entrar y…..  ohhhhhh! Una niebla densa que no dejaba ver el Taj Mahal (ni el amanecer tampoco). Aunque parezca un mazazo para nuestras ilusiones, la verdad que se convirtió en algo mágico.

La niebla poco a poco se empezó a abrir y apareció el majestuoso Taj Mahal. Impresionante obra arquitectónica de la época Mogola (cuidado nada que ver con los Mongoles). Este mausuleo construido por el emperador Sha Jahan respresenta el  amor a su primera mujer (porque tenía varias mujeres y cientos de concubinas). Aquí se encuentran enterrados los dos.

Mereció la pena, el frío, las colas y el madrugón. El Taj Mahal es una de las piezas architectónicas más bellas que he visto en mi vida. Nos tiramos como 3 horas viéndolo desde todos los ángulos. Aquí van unas fotillos:

Y de Agra que decir? Pues la verdad que no mucho. Pero a unos 30Km de Agra se encuentra Fatehpur Sikri. Una ciudad famosa por su fuerte y por su mezquita Jama Masjid.

El fuerte está bien, pero la mezquita es espectacular. Es una de las más grandes de la India.

Aquí tuvimos uno de nuestros multiples timos. Un tipo que se ofreció de guía gratuíto porque le interesaba enseñarnos su cultura y religión. La verdad que el colega nos explicó todo muy bien y muy simpático. Lo malo que al final nos presentó a su familiar (siempre hay un familiar en estas historias) que trabajaba la piedra y al final caímos a cuatro patas comprando una piedra tallada que creo que era Made in China. Pero bueno, que se le va a hacer. Sólo espero que se reencarne en vaca de Varanassi en su próxima vida.

Para acabar unas fotillos de Fatehpur Sikri

 

 

 

 

Khajuraho (14-16Ene2018)

La cosa se pone calentita. Por qué? Porque llegamos a Khajuraho, y como todos vosotros bien sabéis a este lugar se le conoce como los templos del Kamasutra.

ATENCIÓN: MENORES DE 18 AÑOS PAREN DE LEER AHORA.

Khajuraho es un pueblo rodeado de  grupos de templos Hinduístas y Jainistas. Tienen como unos mil años de antigüedad.

Lo impresionante de estos templos es la calidad y el detalle de las esculturas talladas en piedra, además de la saturación de obra tras obra que no deja casi espacio a un trozo liso de pared.

Las esculturas representan varías temáticas de la vida hinduista: agricultura, ganadería, artesanos y después hay una sección dedicada a la mujer: maquillándose, mirándose al espejo, quitándose una espina en el pie. Y entre medio de  todas estas actividades hay un 10% de obras totalmente eróticas. Como muestra un botón:

Khajuraho1
Khajuraho2
Khajuraho3

Aparte de lo curioso de ver obras eróticas de hace 1000 años. El complejo de templos es espectacular. Nos quedábamos maravillados viendo el detalle de las esculturas talladas en la misma piedra del templo.

Aquí os dejamos unas fotos de nuestra visita.

 

Por cierto, se me olvidó deciros que las Medicinas Ayurvédicas hicieron su efecto parcial. Yo me había recuperado y Ana todavía estaba con su resfriado.. Pero yo tengo la teoría de que el sabor tan asqueroso de esos mejunjes o te curaban o te mataban. Y cómo las mías sabían peor, por eso me curé antes.

 

Varanasi, India

«Benarés es más antigua que la Historia, más antigua que las tradiciones, más vieja incluso que las leyendas, y parece el doble de antigua que todas juntas» – Mark Twain

Salimos de Bodhgaya a las 3 de la mañana con una niebla tan densa que no veíamos más allá de nuestras narices, para coger el único tren que partía hacia el siguiente destino: la mística Varanasi, en español Benarés. Y pasamos así, de la noche a la mañana, de la máxima ciudad santa budista a la máxima ciudad santa hinduista. Cosas que pasan en este país!

Varanasi, dentro incluso de la India, es un lugar aparte. Un destino altamente interesante para todo aquel que quiera mover los cimientos de su propia estructura y replantearse conceptos tan antiguos y cerrados como la vida o la muerte. Este lugar va de eso. Mejor venir con la mente y los ojos abiertos para ver lo que no verás en otro sitio.

La ciudad antigua de Varanasi nace a orillas del Ganges, el río sagrado de la India. Alrededor del río se desarrollan los ghats, un conjunto de empinadas escalinatas que lo comunican con las casas antiguas del centro de la ciudad. Según la religión hindú, todo aquel que muera en Varanasi queda libre del ciclo de reencarnaciones. Es decir, su alma ya no se vuelve a reencarnar en otro cuerpo nunca más. No está nada mal teniendo en cuenta que los hindús tienen miles de reencarnaciones. Por ese motivo, muchos de ellos, cuando sienten que se acerca su hora, se dirigen a la ciudad para morir en sus calles. Tal cual.

Pero la ciudad es especialmente conocida por ser el único lugar hinduista donde se realizan cremaciones de muertos de manera abierta. Los hindús incineran a sus difuntos para ayudar al alma a abandonar el cuerpo sin vida y permitirle emprender el viaje hasta su siguiente morada. Sin embargo, si un cuerpo es incinerado en Varanasi su alma alcanza la purificación rompiendo también el ciclo de reencarnaciones. Según la tradición, cuando una persona muere, su cuerpo es llorado por la familia en casa hasta el momento de la cremación. La ceremonia abierta se reduce solo a los hombres y es dirigida por el hijo mayor del difunto. En los ghats de Varanasi se suceden unas 200 cremaciones diarias ya que se acoge a muertos de hasta 60 km a la redonda además de a los que se pueden permitir fletar un avión.

Nosotros pasamos largos ratos mirando las cremaciones y hablando acerca de todo aquello. Como extranjeros no hinduistas se nos exigía el mayor respeto ante las ceremonias de cremación. A no ser que la familia te diera permiso explícito no se podían hacer fotos. Nosotros ni siquiera lo preguntamos. Nos parecía suficiente poder permanecer sentados allí, donde todo pasaba.

Donde todo pasaba

“A orillas del Ganges, las piras se suceden unas a otras entre la normalidad de los allí presentes. Nadie llora y el respeto se huele de la misma manera que el incienso y la madera quemada. Hace frío este febrero y el fuego calienta los huesos de los muertos y también de los vivos.

Los familiares colocan a su difunto envuelto en fina ropa blanca encima de la pira mientras unos hombres cortan madera de un árbol cercano para alimentar el fuego. El hijo mayor, vestido para la ocasión, recita unas palabras. Seguidamente, encabeza la procesión de 5 vueltas alrededor del cuerpo, una por cada elemento hinduista: fuego, agua, tierra, viento y espíritu. Al acabar prende fuego a la pira y todo el mundo se mantiene alrededor en absoluta cotidianidad hasta que el cuerpo ya no existe y el alma descansa eternamente.

Mientras tanto Varanasi no se detiene. Una cabra espanta a un cachorro de perro mientras una vaca se come las flores que adornan la pira del muerto y unos niños persiguen entre risas una cometa de papel que está a punto de caer al suelo. Los transeúntes pasan. Algunos se detienen y siguen. Otros se sientan en la escalinata del ghat, saludan y sonríen con los dientes rojos de tanto mascar tabaco. Sus caras se difuminan entre el humo y el calor del fuego.

La vida y la muerte danzan juntas en Varanasi.”

Si dejamos a un lado la parte mística, os podemos contar que Varanasi es un lugar muy pobre en su mayoría y exceptuando la ciudad vieja donde las calles son tan estrechas que están cerradas al tráfico rodado, el resto es pura India en nivel de suciedad, congestión, ruido, etc. Por lo que fue todo un alivio tener el hostalito dentro de la viaja Varanasi. Aquí estuvimos 4 días que dieron mucho de sí.

Una de las cosas que marcaron la diferencia fue el tour guiado al que nos unimos. El guía era un chico local, estudiado y nos explicó muchas cosas sobre la ciudad, especialmente el tema de las incineraciones. Pero también nos llevó a visitar el mercado de flores, varios templos hinduistas minoritarios muy bonitos, la casa de un ciudadano acaudalado y también la Mezquita. Aprendimos mucho y nos encantó compartir aquello con el resto del grupo.

Por nuestra cuenta visitamos el templo dorado de Kashi Vishwanath, dedicado al dios Shiva, escondido en medio de las laberínticas calles de la ciudad vieja. Allí los hindús hacen larguísimas horas de cola cada día para poder entrar. Está totalmente prohibido entrar con cámaras o mochilas por lo que no pudimos hacer ninguna foto. También dimos una vuelta en barca por el río Ganges. Nuestro barquero era un padre de familia que invertía en la educación de sus hijas. Nos gustó mucho su historia, especialmente entre tanta pobreza, machismo y analfabetización.

Desde Varanasi tomamos un coche hasta la vecina ciudad de Sarnath, donde Budda dio su primer sermón a sus seguidores después de alcanzar el nirvana en nuestra ya conocida Bodhgaya. Estuvimos dando una vuelta por los vestigios del templo y alrededor de la estupa donde se produjo el discurso.

En Varanasi de nuevo pasamos un frío tremendo, agudizado por la humedad del río y las sombrías calles de la ciudad vieja. Yo que ya venía apurada de Bodhgaya, acabé de coger un buen constipado. Y Abel tenía el estómago medio revuelto aún. Así que pensamos que sería bueno ir al médico. Y como estábamos en la India, pues buscamos un médico Ayurvédico y para allá que nos fuimos a ver qué tal. Después de una consulta de media hora con el médico nos plantamos delante del mostrador recetas en mano. Los farmacéuticos se liaron a sacar potes de un contenido terroso y venga a mezclar. Otra media hora y salimos del médico con sobrecitos de hiervas y jarabes naturales para un tratamiento de un mes. Os contamos el resultado en el siguiente post!

Si vais a la India y queréis emociones fuertes, no dejéis de visitar Varanasi. Os dejamos con un resumen de fotos. Un fuerte abrazo a todos!