Jaipur, India

Nuestra salida de Agra fue mítica, jejeje, la recordamos a menudo. Resulta que no habíamos tanteado los billetes de tren con antelación y nos habíamos quedado sin unos buenos pases. Por lo que decidimos probar el autobús. Además, Jaipur no estaba demasiado lejos de Agra. Tan solo a unas 5 horas y media por carretera.

El día anterior a nuestra marcha nos pasamos por la estación de autobuses para ver el panorama. Después de unas vueltas dimos con una pequeña agencia de viajes que vendía billetes a Jaipur muy bien de precio. Al preguntar cuál sería el autobús en el que viajaríamos nos señaló un vehículo blanco, relativamente nuevo. Lo que venía siendo un autocar de gama media en España. La idea nos pareció muy bien y al día siguiente nos presentamos en el chiringuito para emprender el viaje. Pagamos el boleto y esperamos a que partiera el siguiente autocar. Hasta ahí todo bien.

De repente el de la agencia metió un respingo y nos hizo señas para que levantáramos  el campamento, que era la hora de irse. Cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que nos querían meter dentro de una carraca de autobús de la etapa colonial que iba hasta las trancas de gente. Efectivamente nosotros le dijimos que ese no era el autobús que habíamos pagado. Pero por más que le dijéramos o yo le gritara, el tipo ni siquiera nos miraba, nos ignoraba completamente. Nos dijeron que nos tenían reservados dos asientos al final e, inocentes de nosotros, nos metimos en el autobús, mascullando de todo por la boca y pidiéndole por favor que dejara de mentirnos. De nuevo resultó un timo a medias. Nos metieron a los dos en una litera de uno, donde íbamos como sardinas. El autobús arrancó para Jaipur con nosotros cabreados como monas. Para más inri el bicho no iba directo sino que se trataba de un autobús de línea por lo que hizo nosecuantas paradas antes de tomar la carretera. Por no hablar de la inexistente suspensión. Parecía aquello el saltamontes de la feria del barrio.

En fin, cuando nos quedamos a gusto de cagarnos en la situación y se nos pasó el cabreo pudimos empezar a mirar mejor lo que había a nuestro alrededor. Se trataba de un autobús al uso en India, muy viejo, sucio, con mucha más gente que la que permitía la capacidad. En realidad nosotros fuimos afortunados porque aunque no teníamos asientos, al menos no nos tocó ir de pie durante las 6 horas y media de trayecto, como fue el caso de varios de los allí presentes.

La verdad es que hasta la fecha habían sido muchas las ocasiones en las que lo pagado no era lo servido. Nos habían engañado a menudo y nos sentíamos cansados, desconfiados y enfadados. Con la sensación de indefensión a flor de piel. Menos mal que eso se acabó al entrar en el Rajastán, la región más visitada del país, y cuya capital era la gran ciudad de Jaipur.

En Jaipur reservamos una habitación en la casa de Rajat, un joven economista muy pilas que además tenía un don como anfitrión. Aquí nos sentimos como en casa y aprovechamos bien para descansar un poco, acabar de curarme el constipado interminable y tomar fuerzas para la siguiente etapa del viaje en la India. Entre cabezaditas y películas fuimos a descubrir las joyas de Jaipur.

Decidimos empezar por el casco antiguo, más conocido como la Ciudad Rosa de Jaipur. El nombre se debe al color con el que están pintadas todas las edificaciones, imitando la arenisca rosada que simboliza la suerte y la hospitalidad de la capital. El primer día nos dimos una vuelta por los concurridísimos bazares de la Ciudad Rosa y aprovechamos para comprar plata, muy famosa en la región. Comprar en la India es todo un protocolo cuando se trata de textiles, artesanía o joyas. Los dependientes te acomodan, te ofrecen té y en ocasiones comida, y te hacen un despliegue generoso de todos sus productos. El regatee es parte indispensable en más de un comercio por lo que nos tocó participar para ver quien se llevaba el gato al agua. Este día salimos victoriosos!!! Ueeeee!!! Estuvo muy divertido este primer contacto con la ciudad.

En los días siguientes también visitamos los emblemáticos palacios de Hawa Mahal, Chandra Mahal y Mubarak Mahal. Especialmente los dos últimos llenos de mucha riqueza ornamental y arquitectónica al tratarse de la sede residencial del Maharaja de Jaipur por muchos años. También nos acercamos al observatorio astronómico de Jantar Mantar construido en 1728 por el Maharaja Jai Singh, un apasionado de la guerra y de la astronomía. Se trata de un lugar lleno de gigantescos relojes y medidores solares de mucha precisión. Contratamos a un guía local para que nos explicara todo aquello pero el único que se enteró fue Abel, yo no pillaba el acento indio del buen señor. Y a decir verdad, tampoco entendía mucho las latitudes y las longitudes, etc. Menos mal que Abel me dio luego una clase privada para aprobar el examen! Desde Jaipur hicimos también una excursión de día al Foso de Chad Baori en Abhaneri. Lo explicamos en el post del mismo nombre.

Salimos de Jaipur de una manera muy diferente a la que habíamos llegado. Estábamos contentos, descansados y de nuevo con la energía que se necesita para un viaje por la India. Teníamos una cierta sensación de controlar la situación y eso lo cambió todo. El Rajastán nos mostró sus bellezas y también su amabilidad. Os lo contamos a continuación.

Aquí tenéis un resumen de las fotos de Jaipur! Abrazos infinitos.

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