Jaisalmer, India

Salimos de Udaipur la mar de felices y tomamos un tren que iba casi vacío hasta nuestra siguiente etapa. En la parte más occidental del norte de la India se encuentra la ciudad del desierto: Jaisalmer. Donde pasamos de dibujar camellos a verlos en primera persona. Para ello no tuvimos que esforzarnos demasiado porque cuando llegamos empezaba el Festival del desierto que se celebra anualmente en la ciudad. Menuda suerte!

El Festival del desierto tenía lugar a las afueras de la ciudad en un recinto deportivo de arena, inmenso, con gradas para sentarse. Habían colocado una gran carpa de telas para dar cobijo del Sol a los asistentes donde nos dirigimos cuando el calor empezó a apretar. El lugar estaba abarrotado de gente de todas las edades y el ambiente era alegre y festivo. En el programa había actividades deportivas; concursos, como el famoso de bigotes del Rajastán; o cursas, como la tradicional carrera de mujeres que transportan botijos de agua en la cabeza y que ganó una inglesa este año. Lo que más nos gustó fue la marcha de camellos ataviados con las vestiduras de fiesta de la zona. Una pasada como esta gente ha conseguido domar a estos animales.

La pequeña ciudad de Jaisalmer se conoce también como la Ciudad Dorada debido al color amarillento de la piedra arenosa con la que están construidas todas las edificaciones. La ciudad se constituye alrededor de su famoso fuerte amurallado que se ilumina por las noches con una luz cálida que le da un toque muy romántico. Nosotros nos perdimos entre las calles del fuerte para ver las casas amarillas y observar la riqueza de la piedra esculpida. Todos los rincones tienen muchos detalles grabados. El fuerte está lleno de puestos y tiendas para turistas pero también es un lugar donde la gente tiene sus casas, por lo que es un lugar vivo noche y día.

En Jaisalmer contratamos un safari en camello para adentrarnos en el desierto. Lo hicimos a través de la agencia Trotters de la que leímos muy buenos comentarios que nos parecieron sostenibles en todos los sentidos. Salimos a las 7 de la mañana en jeep hacia el desierto. Allí conocimos a nuestros compañeros de viaje, un grupo muy guapo de viajeros de largo tiempo, como nosotros. También conocimos a nuestros guías, hombres duros del desierto y por fin, a los camellos. Desayunamos bien con té Chai Masala recién hecho y nos pusimos en marcha. La experiencia de montar en camello es bastante curiosa. Son animales dóciles pero con carácter. Son fuertes pero lentos y no paran de masticar hacia ambos lados y de hacer ruidos guturales. La primera hora encima de un camello se aguanta bien pero a partir de entonces empiezas a notar como los abductores y el culillo se empiezan a cargar pero bien.

El desierto del Rajastán no es como el del Sáhara con sus infinitas dunas de arena amarillenta. Es más bien una zona muy árida, rocosa, llena de arbustos y plantas secas. Durante las marchas en camello nos encontramos pequeñas aldeas de pastores y alguna pequeña carretera. Nos detuvimos a comer bajo la sombra del único árbol que había por allí. Los hombres cocinaron para nosotros rica comida de la zona. Emprendimos la marcha hasta el punto donde pasaríamos la noche mientras nuestro guía nos contaba cosas sobre los camellos y la vida en el desierto.

Llegamos a una pequeña zona de dunas bajas de arena donde dormiríamos a la intemperie. Hacía calor allí y se disiparon mis dudas sobre el frío que pudiéramos pasar por la noche. Por la tarde, antes de cenar vimos la preciosa puesta de Sol en las dunas. Cabe decir que en la India hemos visto las mejores puestas de Sol de nuestra vida. No sabemos si es por la niebla que las envuelve o por el hecho de ser un país plano que te permite ver siempre el cielo, pero el caso es que son de película siempre.

Por lo visto llegamos a Jaisalmer justo cuando teníamos que llegar! Resulta que esa misma noche que pasamos al raso en el desierto se iba a producir un eclipse total de Luna. Y vaya si se produjo! Cuando cayó totalmente el Sol pudimos ver como la sombra de la Tierra al pasar frente al Sol se proyectaba perfectamente en la súper Luna que además estaba llena y brillante a máximo nivel. Durante el eclipse pudimos ver todas las estrellas del hemisferio norte, las que ya conocemos desde España. Pero cuando el eclipse pasó, la luz de la Luna era tan potente que apagó todas las estrellas con su claridad. Pasamos de no ver nada en la noche cerrada a poder ver hasta donde nuestra vista de perdía en las dunas de a lo lejos. Una pasada! Parecía una farola la Luna!

En fin, nuestro paso por Jaisalmer fue una gran aventura. La amabilidad de la gente del Rajastán volvió a ser la tónica de esta etapa. Estamos muy felices de que la suerte nos acompañara tanto allí, valió mucho la pena. Aquí tenéis unas cuantas fotos!

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