Udaipur, India

Llegamos a Udaipur muy pronto en la mañana. Rajat, nuestro anfitrión en Jaipur nos recomendó una visita a esta bonita ciudad del Rajastán y la verdad es que fue todo un acierto. Nuestra experiencia aquí fue muy agradable y auténtica. Gran parte de la culpa la tuvo el alojamiento que encontramos en el casco antiguo. Cabe decir que desde que dejáramos Varanasi, habíamos puesto mucho más empeño en encontrar buenos sitios donde quedarnos. Consideramos importante gastarnos un poco más y prestar más atención a los comentarios de los huéspedes, para no volvérnosla a jugar con esto. En Udaipur dimos en la diana con la Lassi Guesthouse. Emplazado en una callecita sin tráfico de la ciudad vieja, el edificio de 3 plantas estaba restaurado de hacía pocos años. Las paredes eran de un blanco inmaculado y estaba totalmente decorado con las pinturas y ornamentaciones típicas del Rajastán, con motivos geométricos y florales. Lo regentaba una familia al completo. El padre era pintor, los hijos mayores se encargaban de las reservas, del restaurante y de los clientes, y los pequeños echaban una mano barriendo o haciendo recaditos.

Nuestra habitación era muy bonita y acogedora, con una ventana que permitía que entrara luz natural. El restaurante que estaba en la terraza era un lugar perfecto para relajarse o trabajar. Además el tiempo en Udaipur fue especialmente benévolo. Hacía calor y brillaba siempre el Sol. Además todo el mundo era realmente amable. Gente abierta, humilde y sonriente. Nos sentimos muy bien acogidos y realmente pudimos ver la cara amable que habíamos estado buscando en este país.

Además Udaipur resultó un lugar muy bonito. La ciudad se desarrolla alrededor del tranquilo lago Pichola por el que se puede dar un paseo en barca. Las calles céntricas son un poco más caóticas y turísticas, llenas de puestecitos de todo tipo y restaurantes. Pero si te sales del meollo el resto es bastante tranquilo. En Udaipur fuimos a ver el imponente City Palace, de una grandeza y riqueza sorprendentes, la colección de coches de época de los Maharajas de la ciudad donde destacamos el Rolls-Royce Phantom y la preciosa Royal Enfield clásica. Estaba lleno de motos de esa marca por todos sitios. Y como soñar es gratis, me dieron ganas de llevarme una para Barcelona!

En Udaipur nos perdimos por la ciudad, visitamos los parques, los templos hindús más importantes, nos sentamos al sol en los ghats en la orilla del Pichola y nos pusimos finos de comer rica comida India. Somos realmente muy fans. Por eso, decidimos hacer un curso de cocina en el hotelito. Nos enseñaron a cocinar las famosas Dal Fry (lentejas), Bagan Bharta (Berenjena con curry especiado), Espinacas con Paneer (el queso típico), Chapati (pan de harina de maíz) y Chai Masala (té de especias con leche). Luego nos pegamos un homenaje con todo aquello. Qué rico!

Aprovechando la tranquilidad y la fase creativa por la que estábamos pasando me apunté a un curso de pintura exprés, típica del Rajastán. El padre artista del hotel se ofreció a enseñarme a pintar un camello del desierto a la acuarela. Me encantó la experiencia de dibujar de nuevo. Hay muchos lugares en la ciudad donde se ofrecen cursos.

Y hasta aquí nuestro paso por Udaipur, un destino indispensable del Rajastán. Os dejamos con unas cuantas fotos. Besos!

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