El viaje continúa!

En este momento estamos en el aeropuerto de Jakarta, a punto de coger nuestro segundo avión de regreso a Barcelona. No os voy a engañar, tengo un nudo en la garganta y se me saltan las lágrimas mientras escribo el post. Pero lo que me invade no es la tristeza sino pura emoción (y una pizca de nostalgia).

Emoción de haber vivido todos y cada uno de los días de este viaje los dos juntos, aprendiendo de lo bueno y de lo malo. Emoción de haber visto muchos lugares y de haber conocido gentes y culturas nuevas. Emoción de sabernos diferentes de las personas que partieron de Barcelona hace ya 7 meses, habiendo crecido en el camino. Emoción de saber que este viaje continúa con nuestros proyectos individuales y conjuntos, que son muchos e importantes para nosotros. Emoción de seguir viviendo y seguir compartiendo con vosotros lo que nos queda de trayecto, que también es mucho y bueno.

Esperamos veros muy pronto a todos. Muchas gracias por acompañarnos. Os queremos! Os dejamos un resumen de fotos del viaje! Si os vais a flickr las podréis ver todas 🙂

 

Calcuta, India

La India nos reclamaba desde hacía meses con un grito largo y profundo hasta que finalmente estuvimos dispuestos a atender a su llamada. Hasta donde alcanza nuestra experiencia, podemos decir que India es un lugar que no te deja indiferente. Te sacude, te confronta, te sorprende, te fascina, te hace sentir, te empuja a juzgar, te obliga a posicionarte, a meditarte, a cambiar, a moverte, a luchar, a confiar y sobre todo a aprender. Me gusta verla como una madre que nos enseña a apreciar lo bello y lo feo como las caras de una misma moneda. Es luz y es sombra. Y para quererla solo puedes aceptarla tal cual es, aunque no resulte fácil.

El 4 de enero nos despedimos de Vietnam y del sudeste asiático y aterrizábamos en la gigantesca ciudad de Calcuta, al noreste de la India. Sería la primera etapa de una ruta por el norte del país que duraría 1 mes y 20 días, hasta el final de nuestro viaje y vuelta a casa. La verdad es que habíamos escuchado todo tipo de comentarios sobre la India. Y especialmente los del norte eran casi todos agridulces por lo que íbamos un poco recelosos de lo que nos pudiéramos encontrar, sobre todo yo. Sin embargo, queríamos descubrirlo en primera persona y eso nos causaba mucha emoción.

Pisamos suelo indio más tarde de media noche. Habíamos alquilado un Airbnb que no tenía mala pinta en un distrito alejado del centro y confiábamos llegar al sitio, si todo iba bien, antes de las 2 a.m. Fue una grata sorpresa comprobar que en Calcuta hay servicio de Uber! Ya en el camino del aeropuerto a la casa advertimos varias cosas: el frío que hacía, que marcaría la primara parte de nuestra aventura india; la densa niebla que acompaña en invierno las noches y amaneceres del norte del país; y la pobreza, que se traduce en casi todo lo que se ve. El conductor nos dejó en el lugar y llamó con su teléfono a nuestro anfitrión quien sin problema nos abrió la puerta a esas intempestivas horas. No había marcha atrás, ya estábamos dentro de la partida y a la mañana siguiente tocaba jugar!

Para nuestra desilusión, la habitación era poco acogedora y fría. Las ventanas no cerraban del todo y en el baño había un agujero a la calle del tamaño de un balón de fútbol para ventilar. Además, descubrimos con pena que para usar el calentador debíamos pagar 230 rupias (unos 3€) extra por día. Y con más pena aún que una vez contratado, el agua caliente fluía de manera intermitente. Como el uso del calentador era más que obligatorio en esa época del año, nos sentimos algo estafados. No por el dinero, sino por el juego sucio. Esa sería la primera de una larga y divertida lista de estafas que sufriríamos en la India, jejeje, pardillos!

Por suerte la ciudad de Calcuta resultó ser sorprendente y muy estimulante, especialmente para dos recién llegados al país! Calcuta, que en la actualidad cuenta con 15 millones de habitantes, es la ciudad más potente del este de la India, lo cual no quita que mucha parte de la población viva en la sencillez, en la pobreza o directamente en la miseria. La ciudad recibió un fuerte impacto del colonialismo inglés que se hace patente en su arquitectura y monumentos. También es famosa por ser una de las ciudades más culturales e intelectuales del país con importantes movimientos sociales y artísticos.

Nada más salir de nuestra habitación ya nos quedamos impactados con la autenticidad del barrio donde estábamos. Calcuta efervescente de vida, de comercios pequeños donde se vende de todo. Todos los oficios antiguos están presentes en las calles. El zapatero, el sastre, el herrero, el carnicero, el frutero, el joyero, el repostero, y el etc. más largo. Eso sí, todos son hombres, no hay ni una mujer regentando un solo negocio, o es muy difícil de ver. Esa realidad me confrontó. Como decía, todo se vende en la calles, no había ni un supermercado, lo que hacía que realmente hubiera una marabunta de gente por doquier y que realmente fuera imposible pasear tranquilo porque siempre estábamos en medio de algo.

A toda la actividad comercial de la urbe hay que sumarle el tráfico de bicicletas, motos, rickshaws, auto rickshaws y coches. Todos ellos con más preferencia que el peatón. Superando en grandísima medida al tráfico vietnamita en atascos, pitidos y agresividad al volante. Esto hace que Calcuta y muchos otros lugares de la India sean muy estresantes para los viandantes. Ah, se me olvidaba sumarle a todo este machembrado vial las vacas sagradas y los perros de todas las edades que viven en las calles de Calcuta.

Una de las cosas que más nos llamó la atención es la ausencia total de comercios y restaurantes occidentales. Sinceramente no vimos ni uno, ni Starbucks, ni McDonald’s, nada en el centro! Como si no hubiera llegado la globalización a Calcuta. Nos sentíamos como viajeros en el tiempo. Eso sumado a que contamos con una mano los turistas que vimos durante nuestros 3 días allí hicieron que nuestra experiencia fuera de lo más auténtico de todo el viaje. Otra cosa muy buena de la ciudad es que como apenas hay turismo, los calcutenses se muestran bastante fascinados ante tu presencia y a diferencia de otros muchos lugares no te intentan vender nada, lo cual se agradece mucho.

En Calcuta empezó también nuestro festival de comida india. Incluso nos la jugamos comiendo en los puestitos de la calle al no encontrar restaurantes, pero nos sentó genial. No dábamos abasto probándolo todo, ya fuera dulce o salado. Qué diferentes texturas, olores y sabores. Una maravilla!

En nuestros paseos por Calcuta visitamos el Victoria Memorial. Es especialmente bonita la vista del edificio desde el exterior del complejo durante la puesta de Sol (ver foto). Mención especial a las puestas de Sol en este país, son impresionantes todas. Desde el Victoria Memorial nos dejamos caer por el Maidan, una explanada de hierva enorme donde los calcutenses se reúnen para realizar actividades al aire libre como el Criquet (deporte que los vuelve locos), hacer volar cometas de papel en el cielo, o simplemente sentarse a comer y jugar con la familia. Aunque nos sentíamos bastante observados, fue bonito pasear por este ambiente costumbrista tan suyo. Bien cerquita de allí nos encontramos con la curiosas St. Paul’s Cathedral y St John’s Church. Y digo curiosas porque no es habitual encontrarse con iglesias cristianas en el norte de la India, o al menos, con iglesias relevantes, tratándose de un país mayormente hinduista y musulmán.

Una de las joyas de Calcuta es el Marble Palace, perteneciente a una familia de riquísimos comerciantes de la ciudad y que en su interior guarda piezas artísticas de un valor incalculable. Solo os diré que alguna estancia nos recordó al Vaticano. No veréis ninguna foto de este espectacular lugar en el post porque está prohibido sacar instantáneas tanto del exterior como del interior del edificio. Una pena, tendréis que venir a verlo!

Y también nos perdimos muchas horas por las calles de la ciudad. Visitamos el impresionante y caótico New Market donde cualquier cosa te podías encontrar, el Flower Market donde se comerciaban todo tipo de flores y plantas, la mayoría utilizadas para las ofrendas hindús. En ambos lugares éramos los únicos extranjeros, lo cual era bastante impactante. Después del Flower Market nos detuvimos a contemplar la vista del río desde el puente Howrah, una obra arquitectónica de notables dimensiones construida en 1943. Muy interesante también es la visita al barrio BBD Bagh para ver la Calcuta más colonial.  Entre el bullicio de actividad de las calles se van apareciendo edificios coloniales de aspecto descuidado que fueron importantes centros administrativos en su día. Algunos aún lo son, como en el caso de las cortes judiciales.

La parte artística y cultural de Calcula la encontramos en nuestra visita a la Academy of Fine Arts. A la entrada nos tomamos un té calentito al estilo Masala Chai, con especias y leche de vaca, mientras veíamos un discurso del gremio de doctores que pedía unas condiciones de trabajo dignas. Una vez dentro de la Academia, asistimos a un par de exposiciones muy interesantes de pintores locales. Nos gustó poder hablar con ellos de su obra y aprender un poco más del movimiento cultural en Calcuta.

Y hasta aquí esta intensa y carismática ciudad. A pesar del frío y del agotamiento de esos días, la disfrutamos y la recomendamos si queréis una experiencia 100% india. Aquí unas cuantas fotos. Muchos besos!

Chad Baori (23Ene2018)

India es un país en el que te puedes encontrar cosas extrañas como esta:

Chad Baori, el pozo más grande del mundo. Utilizado para proveer de agua la región ya que los ríos se encontraban muy lejos.

Durante los 3 meses de Monzón se llenaba y la región se abastecía de agua yendo al pozo a recogerla.

El entremezclado de escaleras parece una de esas ilusiones ópticas.

El Raja que mandó construirlo se montó también un templito dentro para estar a sus anchas viendo el agua.

Curioso lugar

-Abel

Navidad 2017 (24Dic2017-03Ene2018)

Las navidades en el extranjero son muy duras. No me gustan. Estas son mi tercera vez fuera de casa y las primeras de Ana.

Echamos mucho de menos a nuestras familias en estas fechas y a medida que se acercan, comienza a sentirse esa nostalgia de la lejanía, y Ana y yo empezamos a pensar dónde pasarlas solitos, snif, snif.

Pero, esta vez los Dioses Asiáticos nos echan un cable. Nos envían una señal a través de nuestro blog de viajes, con un comentario de un buen amigo, Rafa, que dice que iba a pasar las vacaciones de Navidad en Vietnam con la familia de su mujer. Y que donde caben 40, caben 42! YUHUUUU, VIETNAM HERE WE GO!

Y así hicimos, vuelo desde Camboya a Vietnam de cabeza. Llegamos unas semanas antes para turistear antes de las Navidades (más sobre eso en otra entrada… Ana?).

Pasamos las navidades con la familia de Nhu, mujer de Rafa, que son Vietnamitas y tienen una casa en Vung Tau (Sur de Vietnam en la playita).

La familia de Nhu nos acogió en su casa como dos hijos más. Tuvimos comilonas estilo vietnámita (pastel de Navidad, mariscada y cochinillo). También tuvimos algún polvorón y jamón que se colaron de contrabando.

El 25 de Diciembre nos despertamos con un árbol lleno de regalos e incluso nos tocaron regalos a nosotros!

En fin de año se unieron parte de la familia de Rafa más amigos de la familia. La casa de la familia empezó a parecer una escena del camarote de los Hermanos Marx.

Fin de año empezó con una ceremonia de la hermana de Nhu (Kim) renovando sus 10 años de casada en un precioso resort. Y acabamos tomando las uvas a las 12h vietnamitas viendo un video de youtube con las uvas del año pasado (son 6h más en Vietnam).

Esta entrada del blog va dedicada a Rafa y Nhu, por invitarnos a pasar la Navidad con su familia Vietnamita. Gracias a los padres de Nhu y hermanas por todas sus atenciones. Nos habéis hecho sentir parte de vuestra familia.

Os queremos mucho! Y hasta el próximo reencuentro!

-Abel

Sihanoukville y la isla de Koh Rong, Camboya

Llegó el momento de descubrir las playas de Camboya que desde el principio nos tuvieron a la expectativa ya que no sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Y lo que nos encontramos fue de nuevo Camboya en estado puro…

Viajamos al suroeste unas 2 horas desde Kampot al pueblo costero de Sihanoukville, donde haríamos noche para coger un barco rápido a la isla de Koh Rong y allí empezar nuestro retiro playero de 9 días.

Por suerte, encontramos un Sihanoukville en temporada baja. Aún no habían llegado las ordas de turistas navideños y los baretos para guiris estaban a medio gas. Podíamos notar las miradas vampíricas de los comerciantes sedientos de sangre frescaaaaa…. No, en serio, Sihanoukville es un pueblo un tanto raro. Y es que fuera de los relucientes resorts de lujo con playa privada, la realidad apesta a basura amontonada en las esquinas. Y en la puerta de los varios casinos del pueblo, los inmaculados Rolls Royce de 400 mil euros se pierden entre la marabunta de desgastados tuktuks, que con suerte reciben 4 dólares por carrera nocturna. Esto es Camboya, un bello y triste contraste. De Sihanoukville destacamos una bonita puesta de sol contemplando el muelle de Ochheuteal desde la playa homónima.

Nuestra relación con la isla de Koh Rong empezó un poco torcida, como en las comedias románticas donde los protagonistas se atraen pero se sacan de quicio al principio. Atracamos en el muelle de Coconut Beach tras 2 horas y media de barco rápido y se nos quedó una cara graciosa al descubrir que el bungalow de madera que creíamos haber reservado resultó ser una tienda de campaña en la playa. Bueno, podemos cambiar, pensamos. Ilusos de nosotros habíamos supuesto que al llegar a la isla alquilaríamos una moto con la que inspeccionaríamos todo el territorio y nos asentaríamos donde más nos gustara. Pero pronto supimos que en Koh Rong no hay carreteras que comuniquen fácilmente los diferentes lugares y alquilar una moto cuesta 20 USD por día. Los desplazamientos por la isla se hacen en barco y cada trayecto oscila entre 10 y 20 dólares.

En la playita del Coco hay solamente 4 complejos de bungalows y tiendas de campaña por lo que la oferta de ocio y restauración es también muy escasa. Sin embargo, realmente es un lugar bonito. El contacto con el mar y el sonido de las olas nos parecieron alucinantes. Allí podríamos hacer deporte, leer y trabajar en nuestros proyectos desde una oficina sin paredes en el paraíso. Esa misma noche nos bañamos en el mar rodeados de plancton luminiscente que brillaba como purpurina al contacto con nuestros cuerpos en movimiento. Qué bonito!

En definitiva, nos vimos atrapados en una relación que no sabíamos si nos acababa convenir. Por un lado la playa nos gustaba mucho pero por otro quedarse allí significaba perderse lo demás. Como buenos inconformistas,  al día siguiente dejamos Coconut Beach a bordo de un barco taxi de camino a Koh Touch, el muelle principal, el pueblo «centro» de la isla. Las palabras textuales de Abel fueron: «Nos vamos, lo probamos y si no nos gusta nos volvemos con el rabo entre las piernas» y yo asentí.

En Koh Touch aguantamos poco, muy poco. Se trataba de un pueblo atestado de guesthouses baratas y bares de pub crawl las 24h. Precisamente el ambiente de happy hippismo festivo no era lo que andábamos buscando en ese momento y fue allí donde nos dimos cuenta de lo mucho que nos había gustado nuestra playa del Coco por lo que decidimos volver. Antes de irnos de la ruidosa Koh Touch aprovechamos para hacer el trekking hasta la cercana Long Beach. De allí nos llevamos unas cuantas picaduras de las famosas moscas de arena de la isla (cómo pican las condenadas) y la maravillosa sensación de bañarte absolutamente solo en una playa larga, de arena blanca y aguas turquesas. Inolvidable!

La receta para el resto de días en Coconut Beach fue muy sencilla:

  • -Dormir en tienda de campaña
  • -Meditación en la playa que no resultó fácil por el intenso ruido de las olas y el viento
  • -Deporte
  • -Baño en el mar
  • -Desayuno a base de huevos revueltos y café camboyano (aguado con la leche aparte)
  • -Leer y tertulia mañanera
  • -Duchita
  • -Ir a la «Biblio» como llamábamos a la terraza-bar del complejo de al lado con música de los 70 y una librería llena de libros donde trabajamos bastante inspirados
  • -Cena frente al mar
  • -Serie o peli en la tienda. Aquí nos fundimos la segunda temporada de Stranger things (muy recomendable si os gustó el cine juvenil de los 80).

Fueron bonitos y tranquilos nuestros últimos días en Camboya. De allí partimos a la capital Phom Phen donde cogimos un avión con destino a Tailandia, una vieja conocida para ambos. Nos llevamos un gran recuerdo de este país que os recomendamos visitar si andáis buscando un destino que os mueva por dentro. Gracias Camboya y hasta siempre!

Aquí os dejamos un resumen de nuestro paso por Sihanoukville y Koh Rong.

 

 

Kampot y Kep, Camboya

Salimos corriendo de Phnom Penh​ a bordo de un autocar bastante apañado esta vez! En unas 3 horas y media llegamos a Kampot, donde nos esperaba un upgrade sorpresa a habitación familiar en «My parents house», el sitio que encontramos por airbnb.

Kampot y su vecina Kep a orillas del Pacífico, fueron también grandes sorpresas de este viaje. A nuestra llegada alquilamos una moto por 5 USD al día y nos recorrimos la zona sobre ruedas. Para nosotros la mejor opción siempre. En Kampot visitamos una plantación de pimienta, muy valorada a nivel mundial, y disfrutamos de los paisajes verdes atravesados por las vías del tren. Descubrimos el lago escondido y comprobamos la sensación de conducir la moto por eternos lodazales que hacían las veces de carreteras.

En Kep (que maravilla de sitio) vimos por primera vez el océano en Camboya. Este pueblito es famoso por su mercado en la orilla donde venden rico pescado fresco y sobre todo, cangrejo de Kep. A las 5:00 am, los pescadores agarran sus barcas y se van en busca de los cangrejos para venderlos en el mercado durante el día. Una vez cangrejados los guardan en unas jaulas que dejan en el mar, a escasos metros de donde se venden los cangrejos. Cuando alguien compra uno, la señora del puestito de turno va en busca de la jaula y agarra al desafortunado para fortuna del cliente.

Nosotros creímos que el sistema era sostenible y no pudimos dejar de probar la especialidad de la zona: Cangrejo a la pimienta verde. Aún se nos hace la boca agua recordando el momento. Nos acabamos hasta los racimos de pimienta! Hit de Camboya por lo rico y por lo bonito del lugar.

Aquí tenéis unas cuantas fotos!

Ana

 

Phnom Penh, Camboya

Partimos de la apacible Kratié y nos dirigimos a la capital Phnom Penh donde nos tocó alojarnos en el mayor zulo del viaje hasta el momento, un cuarto sin ventana, ni ducha, ni pica, con un ventilador como único aliado contra el bochorno de la ciudad. Aun así hubo risas y amor.

En Phnom Penh fue donde nos dimos realmente cuenta de lo pobre que es el país, aunque estuviéramos acostumbrados ya a las vacas flacas y a los sonrientes niños sucios de las zonas más rurales. También nos dimos cuenta de lo mucho que ha sufrido en su historia reciente, con los bombardeos americanos de la guerra de Vietnam (y Camboya), durante el posterior  régimen de los Jemeres Rojos, las sucesivas guerrillas y la corrupción, que parece estar en el ADN camboyano.

En Knon Penhg conocimos a Saree, una madre soltera de 34 años, que trabaja de lunes a domingo en un restaurante de la ciudad para enviarle dinero a su hijo de 11 que vive con sus abuelos en el campo. Su pueblo está a tan sólo 5 horas en bicicleta pero sólo puede ir a visitar a su hijo una vez al año, cuando tiene vacaciones unos pocos días. Trabaja y cobra 60 dólares al mes. Le quiere dar a su hijo una vida mejor que la que ella tiene, por eso se sacrifica, quiere que su hijo vaya a la universidad. Todo eso lo sabemos porque habla un inglés muy bueno de interactuar con los turistas y además es una chica muy amable e inteligente. En este punto es inevitable caer en el tópico de las oportunidades que se tienen en función de donde hayas nacido. Solo que te metes una buena hostia en la caída, una de esas hostias que te rompen los huesos.

En Knon Penhg también visitamos el Museo de los Crímenes Genocidas «Tuol Sleng» en la prisión de alta seguridad del régimen de los Jemeres rojos de la Kampuchea Democrática S-21. Madre mía lo que vimos allí dentro. Me resulta difícil explicarlo con palabras. Lo resumiría como el más macabro y retorcido de los genocidios de la humanidad. Pol Pot y los dirigentes del régimen perdieron la cabeza definitivamente. Y aquí, tal y como nos pasó en Hiroshima, volvemos a apelar a la memoria y conciencia humana colectiva y al amor por encima de las diferencias. Os recomiendo que veáis algún documental o leáis sobre el tema. Sobre todo en estos momentos en que parece que el mundo se ha vuelto loco y para recordad que siempre lo ha estado.

Otro lugar interesante de esta caótica y congestionada ciudad es el Friends Restaurant, proyecto social donde los camareros y cocineros son chavales de la calle rescatados de la prostitución infantil. El sitio es realmente muy acogedor. Los chicos ahora son adultos que hacen con orgullo su trabajo, el menú está muy bueno y los precios, aunque caros para Camboya, son asequibles para el bolsillo extranjero. En todo caso lo pagas a gusto porque el proyecto lo vale.

Muy interesantes fueron también el Mercado Central, el mercado de Tuol Tom Poung y el FCC, un mítico café emplazado en un edificio colonial francés con vistas al río donde se paraban los periodistas y corresponsales internacionales durante la guerra de Vietnam (y Camboya) para cubrir las noticias.

Como podéis ver Phnom Penh nos tocó mucho… No hicimos fotos porque lo que vimos no nos impulsó a sacar la cámara. Sin embargo está bien gravado en nuestra retina. Os dejo la única foto que tenemos de allí. Junto al río en el FCC.

Un abrazo a todos,

Ana

 

Kratié, Camboya

Nos despedimos de los templos de Angkor y compramos un boleto a bordo de una caja de metal con ruedas que se hacía llamar minivan por 23 USD cada uno. Ahí es na! Confiamos en el camino porque no podíamos hacer otra cosa y besamos la tierra de Kratié al cabo de las 10 horas.

Kratié fue sin duda más de lo que hubiéramos esperado, una grata sorpresa. Situada a las orillas del Mekong, la vida de Kratié se desarrolla en torno a éste y al precioso mercado en el centro del pueblo. Kratié es famoso también porque allí se pueden avistar los raros y bellos delfines Irrawaddy del Mekong. Nosotros fuimos en una excursión de una mañana a verlos y se nos acercó una familia con una cría, toda una alegría teniendo en cuenta que la especie está al borde de la extinción quedando tan solo 25 ejemplares por la zona.

Muy interesante y divertido fue el paseo en bici que hicimos en la isla Koh Trong, una pedazo de isla en el río, donde realmente pudimos ver la Camboya más rural y un auténtico pueblo flotante vietnamita. Hay muchos exiliados en Camboya desde la guerra del vecino Vietnam.

Nuestra experiencia en Kratié no hubiera sido la misma sin el restaurante de Andrés, de quien hablamos en el post «Amigos en el camino».

Os dejamos con un resumen de fotos de Kratié!

Ana

Ecuador del viaje (13 Nov 2017)

Nos encontramos en el ecuador de nuestro viaje (no confundir que estamos de viaje por Ecuador). Hoy 13 de Noviembre del 2017 llevamos 3 meses y medio de viaje y nos faltan otros tantos para terminarlo. Nos pilla justo en una pequeña ciudad de Camboya llamada Kratie a orillas del río Mekong.

Pues aprovechamos para celebrarlo con todos vosotros!

SALUDDDD!!!!

En el ecuador de nuestro viaje