Varanasi, India

«Benarés es más antigua que la Historia, más antigua que las tradiciones, más vieja incluso que las leyendas, y parece el doble de antigua que todas juntas» – Mark Twain

Salimos de Bodhgaya a las 3 de la mañana con una niebla tan densa que no veíamos más allá de nuestras narices, para coger el único tren que partía hacia el siguiente destino: la mística Varanasi, en español Benarés. Y pasamos así, de la noche a la mañana, de la máxima ciudad santa budista a la máxima ciudad santa hinduista. Cosas que pasan en este país!

Varanasi, dentro incluso de la India, es un lugar aparte. Un destino altamente interesante para todo aquel que quiera mover los cimientos de su propia estructura y replantearse conceptos tan antiguos y cerrados como la vida o la muerte. Este lugar va de eso. Mejor venir con la mente y los ojos abiertos para ver lo que no verás en otro sitio.

La ciudad antigua de Varanasi nace a orillas del Ganges, el río sagrado de la India. Alrededor del río se desarrollan los ghats, un conjunto de empinadas escalinatas que lo comunican con las casas antiguas del centro de la ciudad. Según la religión hindú, todo aquel que muera en Varanasi queda libre del ciclo de reencarnaciones. Es decir, su alma ya no se vuelve a reencarnar en otro cuerpo nunca más. No está nada mal teniendo en cuenta que los hindús tienen miles de reencarnaciones. Por ese motivo, muchos de ellos, cuando sienten que se acerca su hora, se dirigen a la ciudad para morir en sus calles. Tal cual.

Pero la ciudad es especialmente conocida por ser el único lugar hinduista donde se realizan cremaciones de muertos de manera abierta. Los hindús incineran a sus difuntos para ayudar al alma a abandonar el cuerpo sin vida y permitirle emprender el viaje hasta su siguiente morada. Sin embargo, si un cuerpo es incinerado en Varanasi su alma alcanza la purificación rompiendo también el ciclo de reencarnaciones. Según la tradición, cuando una persona muere, su cuerpo es llorado por la familia en casa hasta el momento de la cremación. La ceremonia abierta se reduce solo a los hombres y es dirigida por el hijo mayor del difunto. En los ghats de Varanasi se suceden unas 200 cremaciones diarias ya que se acoge a muertos de hasta 60 km a la redonda además de a los que se pueden permitir fletar un avión.

Nosotros pasamos largos ratos mirando las cremaciones y hablando acerca de todo aquello. Como extranjeros no hinduistas se nos exigía el mayor respeto ante las ceremonias de cremación. A no ser que la familia te diera permiso explícito no se podían hacer fotos. Nosotros ni siquiera lo preguntamos. Nos parecía suficiente poder permanecer sentados allí, donde todo pasaba.

Donde todo pasaba

“A orillas del Ganges, las piras se suceden unas a otras entre la normalidad de los allí presentes. Nadie llora y el respeto se huele de la misma manera que el incienso y la madera quemada. Hace frío este febrero y el fuego calienta los huesos de los muertos y también de los vivos.

Los familiares colocan a su difunto envuelto en fina ropa blanca encima de la pira mientras unos hombres cortan madera de un árbol cercano para alimentar el fuego. El hijo mayor, vestido para la ocasión, recita unas palabras. Seguidamente, encabeza la procesión de 5 vueltas alrededor del cuerpo, una por cada elemento hinduista: fuego, agua, tierra, viento y espíritu. Al acabar prende fuego a la pira y todo el mundo se mantiene alrededor en absoluta cotidianidad hasta que el cuerpo ya no existe y el alma descansa eternamente.

Mientras tanto Varanasi no se detiene. Una cabra espanta a un cachorro de perro mientras una vaca se come las flores que adornan la pira del muerto y unos niños persiguen entre risas una cometa de papel que está a punto de caer al suelo. Los transeúntes pasan. Algunos se detienen y siguen. Otros se sientan en la escalinata del ghat, saludan y sonríen con los dientes rojos de tanto mascar tabaco. Sus caras se difuminan entre el humo y el calor del fuego.

La vida y la muerte danzan juntas en Varanasi.”

Si dejamos a un lado la parte mística, os podemos contar que Varanasi es un lugar muy pobre en su mayoría y exceptuando la ciudad vieja donde las calles son tan estrechas que están cerradas al tráfico rodado, el resto es pura India en nivel de suciedad, congestión, ruido, etc. Por lo que fue todo un alivio tener el hostalito dentro de la viaja Varanasi. Aquí estuvimos 4 días que dieron mucho de sí.

Una de las cosas que marcaron la diferencia fue el tour guiado al que nos unimos. El guía era un chico local, estudiado y nos explicó muchas cosas sobre la ciudad, especialmente el tema de las incineraciones. Pero también nos llevó a visitar el mercado de flores, varios templos hinduistas minoritarios muy bonitos, la casa de un ciudadano acaudalado y también la Mezquita. Aprendimos mucho y nos encantó compartir aquello con el resto del grupo.

Por nuestra cuenta visitamos el templo dorado de Kashi Vishwanath, dedicado al dios Shiva, escondido en medio de las laberínticas calles de la ciudad vieja. Allí los hindús hacen larguísimas horas de cola cada día para poder entrar. Está totalmente prohibido entrar con cámaras o mochilas por lo que no pudimos hacer ninguna foto. También dimos una vuelta en barca por el río Ganges. Nuestro barquero era un padre de familia que invertía en la educación de sus hijas. Nos gustó mucho su historia, especialmente entre tanta pobreza, machismo y analfabetización.

Desde Varanasi tomamos un coche hasta la vecina ciudad de Sarnath, donde Budda dio su primer sermón a sus seguidores después de alcanzar el nirvana en nuestra ya conocida Bodhgaya. Estuvimos dando una vuelta por los vestigios del templo y alrededor de la estupa donde se produjo el discurso.

En Varanasi de nuevo pasamos un frío tremendo, agudizado por la humedad del río y las sombrías calles de la ciudad vieja. Yo que ya venía apurada de Bodhgaya, acabé de coger un buen constipado. Y Abel tenía el estómago medio revuelto aún. Así que pensamos que sería bueno ir al médico. Y como estábamos en la India, pues buscamos un médico Ayurvédico y para allá que nos fuimos a ver qué tal. Después de una consulta de media hora con el médico nos plantamos delante del mostrador recetas en mano. Los farmacéuticos se liaron a sacar potes de un contenido terroso y venga a mezclar. Otra media hora y salimos del médico con sobrecitos de hiervas y jarabes naturales para un tratamiento de un mes. Os contamos el resultado en el siguiente post!

Si vais a la India y queréis emociones fuertes, no dejéis de visitar Varanasi. Os dejamos con un resumen de fotos. Un fuerte abrazo a todos!

Bodhgaya, India

Y llegó el momento de coger nuestro primer tren en la India, qué emoción! Después de unas cuantas búsquedas para saber cómo funcionaba el tema de la compra de los billetes, las categorías y todo el sistema de reservas, Abel se hizo con unos pasajes en 3ª para ir a visitar Bodhgaya a través de la web de trenes del estado. La 3ª clase nos daba derecho a litera con almohada y manta para no pasar frío que ya teníamos bastante.

Llegamos congelados y cansados a la estación de Calcula. Era pronto en la mañana pero ya había una actividad pasmosa. Nos sorprendió también la cantidad de gente que estaba durmiendo a la intemperie con el frío que hacía para coger un tren sin reserva previa. Tuvimos unos minutos iniciales de desorientación entre tanto bullicio pero una vez encontrado el panel electrónico que indicaba el horario de salida y la vía de los trenes estaba todo bajo control. El viaje resultó súper tranquilo, de hecho, yo me la pasé durmiendo todo el camino. Pero la tranquilidad nos duró bien poco a nuestra llegada a Gaya, localidad con estación propia más próxima a nuestro destino; la ciudad santa de Bodhgaya.

Bodhgaya, en el estado del Bihar al noreste de la India es un centro de peregrinación budista muy importante. Está la Meca para los musulmanes y Bodhgaya para los budistas. Y es que en este lugar, allá por el s. V a. C, el príncipe asceta Siddarta Gautama se iluminó, es decir, alcanzó el nirvana tras 3 días de meditación bajo el Árbol Bodhi, convirtiéndose así en Buda. Casi nada!

Como durante nuestro viaje nos habíamos empapado bastante de la religión budista, habiendo visitado templos, museos y otros lugares relacionados con el budismo nos pareció interesante una parada aquí. Y sabéis qué? La casualidad quiso que llegáramos a Bodhgaya el mismo día de la visita anual del Dalái lama. Como no lo sabíamos llegamos tarde y no pudimos ver su discurso pero si pudimos comprobar el ambiente místico-religioso-turístico máximo del lugar. Bodhgaya parecía la romería! La presencia del Dalái Lama atrajo a peregrinos de distintos lugares, especialmente a fieles y monjes nepalíes con la cabeza rapada y las típicas túnicas budistas.

Sin embargo, Bodhgaya es un lugar de fuertes contrastes, como muchos lugares en la India. Uno se puede esperar que Bodhgaya, como máximo centro de peregrinación budista, sea un lugar limpio, tranquilo, orientado a la meditación y al respeto. Pero esto no es Japón amigos, esto es la India! Y la realidad es que incluso en su máximo apogeo espiritual se trata de un lugar muy, muy pobre donde el polvo y la basura se acumulan junto al excremento de vaca por doquier. Los restaurantes y puestos de venta de suvenires, malas o imágenes del Buda están atestados de monjes nepalíes con su correspondiente máscara antipolución que pasean impasibles frente a los niños, ancianas y tullidos demacrados que piden limosna a los turistas.  Si continuamos la lista de cosas malas de Bodhgaya hay que sumarle que el ambiente nos era hostil. Por ser occidentales todo el mundo nos pedía dinero, nos ofrecía sus servicios de manera muy intensa y siempre que podían nos engañaban con el precio. Éramos carne de cañón vaya! A todo esto hacía un frío insistente y nuestro alojamiento fue con mucho, el más caro y más nefasto de lo que llevábamos viajando en todos estos meses. Ni en la habitación encontramos un poco de calor o paz. Aquí empezamos a caer enfermos, Abel del estómago y yo constipada.

Aunque parezca mentira…y a pesar de todo esto… Bodhgaya nos valió la pena por varias razones. La primera, nuestra visita en pleno fervor budista al impresionante Templo Mahabodhi o Templo del despertar, edificado en el lugar exacto donde Buda se iluminó. Y donde también se puede contemplar el Árbol Bhodi, un ejemplar descendiente del árbol donde Buda estuvo meditando para alcanzar el nirvana. El ambiente era impresionante. Dentro del recinto del templo habían cientos de peregrinos, muchos de ellos monjes, pero también mujeres y niños recitando mantras descalzos, de rodillas por horas y horas, como si estuvieran en un estado de trance. Visitamos el templo varias veces de noche y de día pero no os podemos enseñar ni una sola foto porque por seguridad está terminalmente prohibido introducir móviles en el recinto debido a pasados atentados terroristas en el lugar.

Una mañana nos sentamos bajo el árbol Bodhi a ver a los peregrinos en su ritual de pasar dando vueltas al templo (algunos lo hacían de rodillas). Cuando alguna de las hojas del árbol caía al suelo los niños y no tan niños corrían a por ella para guardársela como reliquia santa. Se les iluminaba la cara cuando conseguían la preciada hoja. En este rato en el que Abel y yo estábamos atónitos, filosofando sobre la religión y cómo nos sentíamos allí, se nos acercó un anciano de pelo cano, pintado y vestido como los hindús. El abuelo se sentó a nuestro lado y nos contó cuatro tonterías que no entendimos. Todo estaba bien hasta que comprendimos que estaba esperando una aportación económica por nuestra parte. Sorprendidos y algo tensos le dimos 20 rupias pero el señor no tuvo suficiente y nos pidió más. En ese momento le invitamos amablemente a que se fuera a otra parte. Estábamos recuperándonos de nuestra desilusión cuando se nos acercó un indio de veintipocos años que había estado observando la jugada del hindú. Al verlo venir le pregunté medio en broma, medio en serio, si él también quería limosna. Se rio tímidamente y dijo que no, que solo quería practicar su inglés con nosotros, que estaba de turismo local y nunca había tenido la oportunidad de hablar con un extranjero. Tristemente nos llevó varios minutos quitarnos la tensión y confiar en aquel chico que resultó realmente encantador, inocente y buena gente. Mantuvimos una conversación muy interesante con él y hasta nos hicimos una foto al despedirnos. Fue una bonita mañana para recordar.

Al ser Bodhgaya un sitio budista tan relevante, muchos países que procesan esta religión han hecho grandes aportaciones económicas y arquitectónicas al lugar. La ciudad está llena de templos construidos por los gobiernos de Japón, Bután, Tailandia, China, Myanmar, Nepal, Tibet, etc, que mantienen la esencia arquitectónica y cultural de sus países de procedencia. Nos dimos una vuelta por los más representativos pero la verdad es que contemplábamos con pena el contraste de la riqueza y cuidado de los templos con la extrema pobreza de la ciudad y sus habitantes.

En fin, en este lugar le vimos la cara dura a la India y aprendimos muchas cosas que nos llevamos solamente en nuestra retina y memoria. Os dejamos con las escasas fotos que sacamos del lugar. A destacar la foto de Abel con la torre central del Templo Mahabodhi al fondo mientras le pasan por delante unos apresurados monjes budistas. Abrazos infinitos!