Sihanoukville y la isla de Koh Rong, Camboya

Llegó el momento de descubrir las playas de Camboya que desde el principio nos tuvieron a la expectativa ya que no sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Y lo que nos encontramos fue de nuevo Camboya en estado puro…

Viajamos al suroeste unas 2 horas desde Kampot al pueblo costero de Sihanoukville, donde haríamos noche para coger un barco rápido a la isla de Koh Rong y allí empezar nuestro retiro playero de 9 días.

Por suerte, encontramos un Sihanoukville en temporada baja. Aún no habían llegado las ordas de turistas navideños y los baretos para guiris estaban a medio gas. Podíamos notar las miradas vampíricas de los comerciantes sedientos de sangre frescaaaaa…. No, en serio, Sihanoukville es un pueblo un tanto raro. Y es que fuera de los relucientes resorts de lujo con playa privada, la realidad apesta a basura amontonada en las esquinas. Y en la puerta de los varios casinos del pueblo, los inmaculados Rolls Royce de 400 mil euros se pierden entre la marabunta de desgastados tuktuks, que con suerte reciben 4 dólares por carrera nocturna. Esto es Camboya, un bello y triste contraste. De Sihanoukville destacamos una bonita puesta de sol contemplando el muelle de Ochheuteal desde la playa homónima.

Nuestra relación con la isla de Koh Rong empezó un poco torcida, como en las comedias románticas donde los protagonistas se atraen pero se sacan de quicio al principio. Atracamos en el muelle de Coconut Beach tras 2 horas y media de barco rápido y se nos quedó una cara graciosa al descubrir que el bungalow de madera que creíamos haber reservado resultó ser una tienda de campaña en la playa. Bueno, podemos cambiar, pensamos. Ilusos de nosotros habíamos supuesto que al llegar a la isla alquilaríamos una moto con la que inspeccionaríamos todo el territorio y nos asentaríamos donde más nos gustara. Pero pronto supimos que en Koh Rong no hay carreteras que comuniquen fácilmente los diferentes lugares y alquilar una moto cuesta 20 USD por día. Los desplazamientos por la isla se hacen en barco y cada trayecto oscila entre 10 y 20 dólares.

En la playita del Coco hay solamente 4 complejos de bungalows y tiendas de campaña por lo que la oferta de ocio y restauración es también muy escasa. Sin embargo, realmente es un lugar bonito. El contacto con el mar y el sonido de las olas nos parecieron alucinantes. Allí podríamos hacer deporte, leer y trabajar en nuestros proyectos desde una oficina sin paredes en el paraíso. Esa misma noche nos bañamos en el mar rodeados de plancton luminiscente que brillaba como purpurina al contacto con nuestros cuerpos en movimiento. Qué bonito!

En definitiva, nos vimos atrapados en una relación que no sabíamos si nos acababa convenir. Por un lado la playa nos gustaba mucho pero por otro quedarse allí significaba perderse lo demás. Como buenos inconformistas,  al día siguiente dejamos Coconut Beach a bordo de un barco taxi de camino a Koh Touch, el muelle principal, el pueblo «centro» de la isla. Las palabras textuales de Abel fueron: «Nos vamos, lo probamos y si no nos gusta nos volvemos con el rabo entre las piernas» y yo asentí.

En Koh Touch aguantamos poco, muy poco. Se trataba de un pueblo atestado de guesthouses baratas y bares de pub crawl las 24h. Precisamente el ambiente de happy hippismo festivo no era lo que andábamos buscando en ese momento y fue allí donde nos dimos cuenta de lo mucho que nos había gustado nuestra playa del Coco por lo que decidimos volver. Antes de irnos de la ruidosa Koh Touch aprovechamos para hacer el trekking hasta la cercana Long Beach. De allí nos llevamos unas cuantas picaduras de las famosas moscas de arena de la isla (cómo pican las condenadas) y la maravillosa sensación de bañarte absolutamente solo en una playa larga, de arena blanca y aguas turquesas. Inolvidable!

La receta para el resto de días en Coconut Beach fue muy sencilla:

  • -Dormir en tienda de campaña
  • -Meditación en la playa que no resultó fácil por el intenso ruido de las olas y el viento
  • -Deporte
  • -Baño en el mar
  • -Desayuno a base de huevos revueltos y café camboyano (aguado con la leche aparte)
  • -Leer y tertulia mañanera
  • -Duchita
  • -Ir a la «Biblio» como llamábamos a la terraza-bar del complejo de al lado con música de los 70 y una librería llena de libros donde trabajamos bastante inspirados
  • -Cena frente al mar
  • -Serie o peli en la tienda. Aquí nos fundimos la segunda temporada de Stranger things (muy recomendable si os gustó el cine juvenil de los 80).

Fueron bonitos y tranquilos nuestros últimos días en Camboya. De allí partimos a la capital Phom Phen donde cogimos un avión con destino a Tailandia, una vieja conocida para ambos. Nos llevamos un gran recuerdo de este país que os recomendamos visitar si andáis buscando un destino que os mueva por dentro. Gracias Camboya y hasta siempre!

Aquí os dejamos un resumen de nuestro paso por Sihanoukville y Koh Rong.

 

 

Kampot y Kep, Camboya

Salimos corriendo de Phnom Penh​ a bordo de un autocar bastante apañado esta vez! En unas 3 horas y media llegamos a Kampot, donde nos esperaba un upgrade sorpresa a habitación familiar en «My parents house», el sitio que encontramos por airbnb.

Kampot y su vecina Kep a orillas del Pacífico, fueron también grandes sorpresas de este viaje. A nuestra llegada alquilamos una moto por 5 USD al día y nos recorrimos la zona sobre ruedas. Para nosotros la mejor opción siempre. En Kampot visitamos una plantación de pimienta, muy valorada a nivel mundial, y disfrutamos de los paisajes verdes atravesados por las vías del tren. Descubrimos el lago escondido y comprobamos la sensación de conducir la moto por eternos lodazales que hacían las veces de carreteras.

En Kep (que maravilla de sitio) vimos por primera vez el océano en Camboya. Este pueblito es famoso por su mercado en la orilla donde venden rico pescado fresco y sobre todo, cangrejo de Kep. A las 5:00 am, los pescadores agarran sus barcas y se van en busca de los cangrejos para venderlos en el mercado durante el día. Una vez cangrejados los guardan en unas jaulas que dejan en el mar, a escasos metros de donde se venden los cangrejos. Cuando alguien compra uno, la señora del puestito de turno va en busca de la jaula y agarra al desafortunado para fortuna del cliente.

Nosotros creímos que el sistema era sostenible y no pudimos dejar de probar la especialidad de la zona: Cangrejo a la pimienta verde. Aún se nos hace la boca agua recordando el momento. Nos acabamos hasta los racimos de pimienta! Hit de Camboya por lo rico y por lo bonito del lugar.

Aquí tenéis unas cuantas fotos!

Ana

 

Phnom Penh, Camboya

Partimos de la apacible Kratié y nos dirigimos a la capital Phnom Penh donde nos tocó alojarnos en el mayor zulo del viaje hasta el momento, un cuarto sin ventana, ni ducha, ni pica, con un ventilador como único aliado contra el bochorno de la ciudad. Aun así hubo risas y amor.

En Phnom Penh fue donde nos dimos realmente cuenta de lo pobre que es el país, aunque estuviéramos acostumbrados ya a las vacas flacas y a los sonrientes niños sucios de las zonas más rurales. También nos dimos cuenta de lo mucho que ha sufrido en su historia reciente, con los bombardeos americanos de la guerra de Vietnam (y Camboya), durante el posterior  régimen de los Jemeres Rojos, las sucesivas guerrillas y la corrupción, que parece estar en el ADN camboyano.

En Knon Penhg conocimos a Saree, una madre soltera de 34 años, que trabaja de lunes a domingo en un restaurante de la ciudad para enviarle dinero a su hijo de 11 que vive con sus abuelos en el campo. Su pueblo está a tan sólo 5 horas en bicicleta pero sólo puede ir a visitar a su hijo una vez al año, cuando tiene vacaciones unos pocos días. Trabaja y cobra 60 dólares al mes. Le quiere dar a su hijo una vida mejor que la que ella tiene, por eso se sacrifica, quiere que su hijo vaya a la universidad. Todo eso lo sabemos porque habla un inglés muy bueno de interactuar con los turistas y además es una chica muy amable e inteligente. En este punto es inevitable caer en el tópico de las oportunidades que se tienen en función de donde hayas nacido. Solo que te metes una buena hostia en la caída, una de esas hostias que te rompen los huesos.

En Knon Penhg también visitamos el Museo de los Crímenes Genocidas «Tuol Sleng» en la prisión de alta seguridad del régimen de los Jemeres rojos de la Kampuchea Democrática S-21. Madre mía lo que vimos allí dentro. Me resulta difícil explicarlo con palabras. Lo resumiría como el más macabro y retorcido de los genocidios de la humanidad. Pol Pot y los dirigentes del régimen perdieron la cabeza definitivamente. Y aquí, tal y como nos pasó en Hiroshima, volvemos a apelar a la memoria y conciencia humana colectiva y al amor por encima de las diferencias. Os recomiendo que veáis algún documental o leáis sobre el tema. Sobre todo en estos momentos en que parece que el mundo se ha vuelto loco y para recordad que siempre lo ha estado.

Otro lugar interesante de esta caótica y congestionada ciudad es el Friends Restaurant, proyecto social donde los camareros y cocineros son chavales de la calle rescatados de la prostitución infantil. El sitio es realmente muy acogedor. Los chicos ahora son adultos que hacen con orgullo su trabajo, el menú está muy bueno y los precios, aunque caros para Camboya, son asequibles para el bolsillo extranjero. En todo caso lo pagas a gusto porque el proyecto lo vale.

Muy interesantes fueron también el Mercado Central, el mercado de Tuol Tom Poung y el FCC, un mítico café emplazado en un edificio colonial francés con vistas al río donde se paraban los periodistas y corresponsales internacionales durante la guerra de Vietnam (y Camboya) para cubrir las noticias.

Como podéis ver Phnom Penh nos tocó mucho… No hicimos fotos porque lo que vimos no nos impulsó a sacar la cámara. Sin embargo está bien gravado en nuestra retina. Os dejo la única foto que tenemos de allí. Junto al río en el FCC.

Un abrazo a todos,

Ana

 

Kratié, Camboya

Nos despedimos de los templos de Angkor y compramos un boleto a bordo de una caja de metal con ruedas que se hacía llamar minivan por 23 USD cada uno. Ahí es na! Confiamos en el camino porque no podíamos hacer otra cosa y besamos la tierra de Kratié al cabo de las 10 horas.

Kratié fue sin duda más de lo que hubiéramos esperado, una grata sorpresa. Situada a las orillas del Mekong, la vida de Kratié se desarrolla en torno a éste y al precioso mercado en el centro del pueblo. Kratié es famoso también porque allí se pueden avistar los raros y bellos delfines Irrawaddy del Mekong. Nosotros fuimos en una excursión de una mañana a verlos y se nos acercó una familia con una cría, toda una alegría teniendo en cuenta que la especie está al borde de la extinción quedando tan solo 25 ejemplares por la zona.

Muy interesante y divertido fue el paseo en bici que hicimos en la isla Koh Trong, una pedazo de isla en el río, donde realmente pudimos ver la Camboya más rural y un auténtico pueblo flotante vietnamita. Hay muchos exiliados en Camboya desde la guerra del vecino Vietnam.

Nuestra experiencia en Kratié no hubiera sido la misma sin el restaurante de Andrés, de quien hablamos en el post «Amigos en el camino».

Os dejamos con un resumen de fotos de Kratié!

Ana

Los templos de Angkor, Camboya

Camboya, ese país que se suele vender como anexo turístico dentro de los circuitos de Tailandia, Laos o Vietnam y que sin embargo es un DESTINO por si solo… Camboya, ese país que te conmueve mostrándote sus cicatrices sin complejos y que te sonríe con la humildad y el orgullo del que se acepta tal y como es… Camboya, ese país que nos ha sorprendido como a todos los que se toman el tiempo de conocerlo…

Nuestro primer destino fue Siem Riep donde durante 3 días visitamos los Templos de Angkor, vestigios de la poderosa civilización khmer que datan de unos 1.000 años atrás aprox. Entrar en cualquiera de ellos es transportarse en el tiempo, introducirse en una película de Indiana Jones donde vas a la caza de un tesoro místico y único, es flipar de lo que el hombre fue capaz de construir y de lo que la naturaleza fue capaz de modificar, es esplendor y caída, íntima espiritualidad y turismo masivo. Es único y lo recomendamos mucho.

Aquí nos sentimos inspirados con las fotos, esperamos que os gusten!

Ana