Mui Ne, Vietnam

Navidad dulce Navidad… Recuerdo cuando era pequeña y veía la mítica «Los vigilantes de la playa» que se rodaba en la calurosa y soleada Santa Mónica, en el estado de California (EEUU). En la serie, cuando era Navidad, los vigilantes lucían dos únicas prendas; el sugerente bañador rojo y el gorrito de Santa Claus. Y en las playas se alternaban las palmeras con los árboles de Navidad ataviados con relucientes bolas de colores. Recuerdo que esas imágenes me parecían surrealistas! Unas Navidades en verano??!!! Pues bien, en Vietnam experimentamos esa sensación extraña en nuestras propias carnes!

Pasamos Noche Buena y el día de Navidad en Vung Tao, en la casa de la familia de Rafa y Nhu y el 26 tomamos un Sleeping Bus hasta la costera Mui Ne donde pasaríamos unos 3 días antes de volver con ellos y celebrar el Fin de Año.

Mui Ne es una villa tranquila, no hay mucho que hacer excepto tres cosas: ir a la playa, visitar las dunas y comer marisco, que si bien no es marisco gallego, te hace el apaño bueno, y más en Navidad, cuando se echan de menos las gambas de tu madre.

Nuestro hotelito estaba apañado. La familia que lo llevaba era bastante «pilas» y además tenían una cachorrita que era un completo amor. Para no faltar a nuestra esencia viajera, alquilamos una moto a pedales y nos fuimos a recorrer la zona. Decidimos empezar por el atractivo local; las dunas. Dunas que se crean en este litoral por la acción del viento, y es que en Mui Ne, hay viento para hartarse. De hecho, es un spot importante para los amantes del windsurf y del kitesurf.

En Mui Ne hay dos dunas; las blancas y las rojas, según el color de la arena. Decidimos empezar por las primeras porque estaban más lejos. Nos habían avisado de que eran bastante típicas las «mordidas» de la policía de Mui Ne a turistas en el trayecto hacía las dunas blancas. Se ve que te paran y te imputan cargos por violar alguna norma de circulación vietnamita y que para enmendarlo sin más complicaciones tienes que abonar en efectivo al amable y eficiente agente una cantidad que oscila entre los 20 a los 50€ al cambio. Casi nada por no hacer nada! Así que como os podéis imaginar, en el viaje de ida íbamos bastante tensos. Especialmente yo, que iba pensando que igual la mordida literal se la iban a llevar ellos como nos pararan. Pero la suerte estaba de nuestro lado ese día. La suerte y el hecho de que pasáramos por el control de policía justo a la hora de comer!

Felizmente llegamos a las dunas blancas y lo que vimos nos encantó. Nunca antes habíamos estado en un desierto pero sin duda lo que vimos allí se le parecía mucho. La vista era preciosa y la sensación de infinidad también. El sol apretaba y resplandecía en contacto con las dunas de color amarillo muy claro, casi blanco. Al asomarte a las crestas de las dunas el viento arrastraba los granos de arena que te azotaban el cuerpo y cubrían rápidamente las huellas que dejábamos en el suelo. El contraste del azul del cielo y las nubes realzaban aún más la belleza del lugar. Éramos hormigas en medio del desierto. Estuvimos paseando, haciendo fotos y revolcándonos por la arena hasta que tuvimos suficiente y nos dirigimos a la moto. En el camino de vuelta pasamos por el control de policía. Habían parado a un par de turistas en moto y vete a saber cuánto les iba a costar la broma a los pobres. En fin, menos mal que ésto no es lo normal en Vietnam.

En las dunas rojas, que son bonitas aunque no tanto como las blancas, alquilamos unas planchas para deslizarnos por las dunas y volver a ser niños otra vez. Encontramos una bajada con cara y ojos y por allí nos tiramos unas cuantas veces hasta acabar con arena hasta en los ojos. Muy recomendable para todo el mundo!

En Mui Ne destacamos también la playa de Sea Links City donde hicimos largos paseos con grandes conversaciones Abel y yo. Muy bonita fue también la cena a base de gambas y zamburiñas (como vieiras pero más pequeñas) con sal, pimienta y lima, viendo la puesta de sol sobre el mar. También muy recomendable la vista al puerto de pescadores tanto al atardecer como en la noche cuando las luces verdes y rojas de los pequeños barquitos redondos centellean como luciérnagas en la oscuridad del mar.

La guinda del pastel la encontramos en el hotel de Mui Ne, donde tuvimos la suerte de coincidir con un par de parejas viajeras muy bonitas, con las que pudimos compartir aventuras y buenos momentos. Les dedicamos un espacio en la sección «Amigos en el Camino».

Y hasta aquí Mui Ne amigos… Cogimos nuestro último Sleeping Bus de Vietnam de camino a Vung Tao. Vamos a despedir este maravilloso 2017 como está mandado! Os dejamos con unas cuantas fotos de nuestro paso por este bello y tranquilo lugar de Vietnam. Besos y abrazos, nos vemos en el 2018!