Phnom Penh, Camboya

Partimos de la apacible Kratié y nos dirigimos a la capital Phnom Penh donde nos tocó alojarnos en el mayor zulo del viaje hasta el momento, un cuarto sin ventana, ni ducha, ni pica, con un ventilador como único aliado contra el bochorno de la ciudad. Aun así hubo risas y amor.

En Phnom Penh fue donde nos dimos realmente cuenta de lo pobre que es el país, aunque estuviéramos acostumbrados ya a las vacas flacas y a los sonrientes niños sucios de las zonas más rurales. También nos dimos cuenta de lo mucho que ha sufrido en su historia reciente, con los bombardeos americanos de la guerra de Vietnam (y Camboya), durante el posterior  régimen de los Jemeres Rojos, las sucesivas guerrillas y la corrupción, que parece estar en el ADN camboyano.

En Knon Penhg conocimos a Saree, una madre soltera de 34 años, que trabaja de lunes a domingo en un restaurante de la ciudad para enviarle dinero a su hijo de 11 que vive con sus abuelos en el campo. Su pueblo está a tan sólo 5 horas en bicicleta pero sólo puede ir a visitar a su hijo una vez al año, cuando tiene vacaciones unos pocos días. Trabaja y cobra 60 dólares al mes. Le quiere dar a su hijo una vida mejor que la que ella tiene, por eso se sacrifica, quiere que su hijo vaya a la universidad. Todo eso lo sabemos porque habla un inglés muy bueno de interactuar con los turistas y además es una chica muy amable e inteligente. En este punto es inevitable caer en el tópico de las oportunidades que se tienen en función de donde hayas nacido. Solo que te metes una buena hostia en la caída, una de esas hostias que te rompen los huesos.

En Knon Penhg también visitamos el Museo de los Crímenes Genocidas «Tuol Sleng» en la prisión de alta seguridad del régimen de los Jemeres rojos de la Kampuchea Democrática S-21. Madre mía lo que vimos allí dentro. Me resulta difícil explicarlo con palabras. Lo resumiría como el más macabro y retorcido de los genocidios de la humanidad. Pol Pot y los dirigentes del régimen perdieron la cabeza definitivamente. Y aquí, tal y como nos pasó en Hiroshima, volvemos a apelar a la memoria y conciencia humana colectiva y al amor por encima de las diferencias. Os recomiendo que veáis algún documental o leáis sobre el tema. Sobre todo en estos momentos en que parece que el mundo se ha vuelto loco y para recordad que siempre lo ha estado.

Otro lugar interesante de esta caótica y congestionada ciudad es el Friends Restaurant, proyecto social donde los camareros y cocineros son chavales de la calle rescatados de la prostitución infantil. El sitio es realmente muy acogedor. Los chicos ahora son adultos que hacen con orgullo su trabajo, el menú está muy bueno y los precios, aunque caros para Camboya, son asequibles para el bolsillo extranjero. En todo caso lo pagas a gusto porque el proyecto lo vale.

Muy interesantes fueron también el Mercado Central, el mercado de Tuol Tom Poung y el FCC, un mítico café emplazado en un edificio colonial francés con vistas al río donde se paraban los periodistas y corresponsales internacionales durante la guerra de Vietnam (y Camboya) para cubrir las noticias.

Como podéis ver Phnom Penh nos tocó mucho… No hicimos fotos porque lo que vimos no nos impulsó a sacar la cámara. Sin embargo está bien gravado en nuestra retina. Os dejo la única foto que tenemos de allí. Junto al río en el FCC.

Un abrazo a todos,

Ana

 

Miyajima, Japón

Desde Hiroshima nos escapamos en una visita de día a la isla de Miyajima. Y ésta se convirtió posiblemente la sorpresa del viaje, ya que nos pensábamos encontrar una turistada y si, había turistas, pero nos encantó todo!

Teníamos la sensación de tener que inspeccionar todos los rinconcillos porque en cualquier momento se te aparecía la foto del día. Y además también había ciervos sueltos por la isla! Estos parecían gozar de una dieta más equilibrada que los de Nara, que felizmente subsistían a base de galletas.

El icono de Miyajima es el enorme Tori que se alza sobre el mar, y al que se puede acceder cuando baja la marea. Sin embargo la joya de la corona es el templo Dasho-in que se alza un poco sobre la ladera del monte Misen. Es también típico en la isla comer ostras con soja y limón. Ese día estábamos tan emocionados con todo lo que veíamos que en vez de comer sentaditos en un sitio fuimos de tapas a lo pub crawl por toda la calle de los restaurantes. Creo que probamos todas las especialidades que había. Las ostras para llorar de alegría estaban!

Un poquito de nuestra Miyajima aquí abajo.

Ana

 

Hiroshima, Japón

Hiroshima es de obligada visita para todo aquel que le guste mirar de frente la verdad de este mundo.

Hiroshima nos emocionó y nos enseñó mucho. El Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima está muy bien documentado y el mensaje que aporta es muy constructivo. Para nosotros fue el mejor museo que nos encontramos en Japón, por su discurso narrativo y museización de los hechos.

Hiroshima nos enseñó que el ser humano es capaz de «destruir sin piedad» y «con piedad renacer de las cenizas». Todo en sentido literal. También nos enseñó a perdonar para poder avanzar.

Apelo a la memoria colectiva humana y al amor con este humilde post.

Nuestro paso por Hiroshima en un día gris.

Ana