Retiro de meditación en Delhi, India

La idea de hacer un retiro de meditación Vipassana rondaba mi cabeza desde hacía tiempo por varios motivos. El primero era que aunque había leído sobre los beneficios de la meditación y había picado varias técnicas tenía la sensación de no saber cómo meditar, de estar perdiéndome algo importante. El segundo, que compartíamos Abel y yo, era que queríamos introducir la práctica de la meditación de manera regular y contundente en nuestras vidas diarias. El tercero, era que quería probarme a mí misma viviendo una experiencia personal desafiante. El cuarto, era que las personas que conocíamos que lo habían hecho hablaban maravillas de lo que les había aportado.

En qué consiste un retiro de meditación Vipassana de 10 días?

La meditación Vipassana es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India y fue popularizada por el maestro Goenka quien desarrolló todo un sistema de centros gratuitos por todo el mundo. No está relacionada con ninguna religión, secta o ideología. Es una técnica que puede practicar todo el mundo independientemente de sus creencias. Existen más de 180 centros en los cinco continentes y la cosa sigue evolucionando. En estos centros se imparten cursos de meditación de 2, 10 e incluso más días consecutivos. Nosotros hicimos un curso de 10 días en el centro Dhamma Sota de Delhi. Nuestra experiencia allí fue muy buena.

El término Vipassana significa “ver las cosas tal y como son”. Esta técnica experiencial trabaja mediante la observación objetiva de las sensaciones del propio cuerpo y se basa en el principio natural de que “todo pasa”. Es decir, todas las sensaciones que se producen en el cuerpo, debidas a cualquier factor, son pasajeras. También se basa en el principio natural de que lo que causa el “dolor” o el “sufrimiento” no es la sensación (situación) en sí, sino la connotación o juicio de valor que nosotros mismos le aplicamos.

Se trata de llegar a “dominar a nuestra propia mente” y no al revés como suele pasar. A través de la propia práctica, apoyada por una disciplina estricta y la dirección de profesores con experiencia vamos viendo cómo funciona nuestra mente y cuál es el diálogo que mantiene. La verdad es que es alucinante lo que llegamos a aprender de nosotros mismos y de lo mucho que nos hace sufrir nuestro propio EGO! Yo, mi, mío, a mí… etc, etc, etc.

La mente es puñetera y romper los patrones que nos hemos ido repitiendo como mantras una y otra vez a lo largo de nuestra vida cuesta. Por eso el curso es un tanto intenso. El horario es duro, empezando la meditación cada día a las 4:30 am, y las normas de comportamiento son estrictas, teniendo que permanecer en silencio durante el transcurso de los 10 días, tan solo pudiéndote comunicar con los profesores o el personal de apoyo para temas logísticos de la estancia. Pero se trata de hacer un ejercicio de introspección, de conocerte y la soledad te permite escuchar mucho más atentamente cuál es el diálogo de tu mente, cuáles son las sensaciones que se producen en tu cuerpo y qué es lo que te dices a ti mismo en cada momento. Se trata de una hazaña pero qué hazaña se consigue sin esfuerzo?

Un curso de meditación Vipassana de 10 días te AFIANZA en la técnica. Abel y yo no llegamos al Nirvana pero aprendimos a meditar e hicimos buenos progresos. A partir de aquí los beneficios nos los proporcionará la práctica diaria y el compromiso que cada uno quiera adquirir consigo mismo. Para nosotros sólo hay beneficios y desde entonces ahí que vamos cada día!

Os dejamos el link de los centros con toda la info por si a alguno le ha picado el gusanillo! Un abrazo infinitooooooooo…

https://www.dhamma.org/en-US/index

Sihanoukville y la isla de Koh Rong, Camboya

Llegó el momento de descubrir las playas de Camboya que desde el principio nos tuvieron a la expectativa ya que no sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Y lo que nos encontramos fue de nuevo Camboya en estado puro…

Viajamos al suroeste unas 2 horas desde Kampot al pueblo costero de Sihanoukville, donde haríamos noche para coger un barco rápido a la isla de Koh Rong y allí empezar nuestro retiro playero de 9 días.

Por suerte, encontramos un Sihanoukville en temporada baja. Aún no habían llegado las ordas de turistas navideños y los baretos para guiris estaban a medio gas. Podíamos notar las miradas vampíricas de los comerciantes sedientos de sangre frescaaaaa…. No, en serio, Sihanoukville es un pueblo un tanto raro. Y es que fuera de los relucientes resorts de lujo con playa privada, la realidad apesta a basura amontonada en las esquinas. Y en la puerta de los varios casinos del pueblo, los inmaculados Rolls Royce de 400 mil euros se pierden entre la marabunta de desgastados tuktuks, que con suerte reciben 4 dólares por carrera nocturna. Esto es Camboya, un bello y triste contraste. De Sihanoukville destacamos una bonita puesta de sol contemplando el muelle de Ochheuteal desde la playa homónima.

Nuestra relación con la isla de Koh Rong empezó un poco torcida, como en las comedias románticas donde los protagonistas se atraen pero se sacan de quicio al principio. Atracamos en el muelle de Coconut Beach tras 2 horas y media de barco rápido y se nos quedó una cara graciosa al descubrir que el bungalow de madera que creíamos haber reservado resultó ser una tienda de campaña en la playa. Bueno, podemos cambiar, pensamos. Ilusos de nosotros habíamos supuesto que al llegar a la isla alquilaríamos una moto con la que inspeccionaríamos todo el territorio y nos asentaríamos donde más nos gustara. Pero pronto supimos que en Koh Rong no hay carreteras que comuniquen fácilmente los diferentes lugares y alquilar una moto cuesta 20 USD por día. Los desplazamientos por la isla se hacen en barco y cada trayecto oscila entre 10 y 20 dólares.

En la playita del Coco hay solamente 4 complejos de bungalows y tiendas de campaña por lo que la oferta de ocio y restauración es también muy escasa. Sin embargo, realmente es un lugar bonito. El contacto con el mar y el sonido de las olas nos parecieron alucinantes. Allí podríamos hacer deporte, leer y trabajar en nuestros proyectos desde una oficina sin paredes en el paraíso. Esa misma noche nos bañamos en el mar rodeados de plancton luminiscente que brillaba como purpurina al contacto con nuestros cuerpos en movimiento. Qué bonito!

En definitiva, nos vimos atrapados en una relación que no sabíamos si nos acababa convenir. Por un lado la playa nos gustaba mucho pero por otro quedarse allí significaba perderse lo demás. Como buenos inconformistas,  al día siguiente dejamos Coconut Beach a bordo de un barco taxi de camino a Koh Touch, el muelle principal, el pueblo «centro» de la isla. Las palabras textuales de Abel fueron: «Nos vamos, lo probamos y si no nos gusta nos volvemos con el rabo entre las piernas» y yo asentí.

En Koh Touch aguantamos poco, muy poco. Se trataba de un pueblo atestado de guesthouses baratas y bares de pub crawl las 24h. Precisamente el ambiente de happy hippismo festivo no era lo que andábamos buscando en ese momento y fue allí donde nos dimos cuenta de lo mucho que nos había gustado nuestra playa del Coco por lo que decidimos volver. Antes de irnos de la ruidosa Koh Touch aprovechamos para hacer el trekking hasta la cercana Long Beach. De allí nos llevamos unas cuantas picaduras de las famosas moscas de arena de la isla (cómo pican las condenadas) y la maravillosa sensación de bañarte absolutamente solo en una playa larga, de arena blanca y aguas turquesas. Inolvidable!

La receta para el resto de días en Coconut Beach fue muy sencilla:

  • -Dormir en tienda de campaña
  • -Meditación en la playa que no resultó fácil por el intenso ruido de las olas y el viento
  • -Deporte
  • -Baño en el mar
  • -Desayuno a base de huevos revueltos y café camboyano (aguado con la leche aparte)
  • -Leer y tertulia mañanera
  • -Duchita
  • -Ir a la «Biblio» como llamábamos a la terraza-bar del complejo de al lado con música de los 70 y una librería llena de libros donde trabajamos bastante inspirados
  • -Cena frente al mar
  • -Serie o peli en la tienda. Aquí nos fundimos la segunda temporada de Stranger things (muy recomendable si os gustó el cine juvenil de los 80).

Fueron bonitos y tranquilos nuestros últimos días en Camboya. De allí partimos a la capital Phom Phen donde cogimos un avión con destino a Tailandia, una vieja conocida para ambos. Nos llevamos un gran recuerdo de este país que os recomendamos visitar si andáis buscando un destino que os mueva por dentro. Gracias Camboya y hasta siempre!

Aquí os dejamos un resumen de nuestro paso por Sihanoukville y Koh Rong.