Miyajima, Japón

Desde Hiroshima nos escapamos en una visita de día a la isla de Miyajima. Y ésta se convirtió posiblemente la sorpresa del viaje, ya que nos pensábamos encontrar una turistada y si, había turistas, pero nos encantó todo!

Teníamos la sensación de tener que inspeccionar todos los rinconcillos porque en cualquier momento se te aparecía la foto del día. Y además también había ciervos sueltos por la isla! Estos parecían gozar de una dieta más equilibrada que los de Nara, que felizmente subsistían a base de galletas.

El icono de Miyajima es el enorme Tori que se alza sobre el mar, y al que se puede acceder cuando baja la marea. Sin embargo la joya de la corona es el templo Dasho-in que se alza un poco sobre la ladera del monte Misen. Es también típico en la isla comer ostras con soja y limón. Ese día estábamos tan emocionados con todo lo que veíamos que en vez de comer sentaditos en un sitio fuimos de tapas a lo pub crawl por toda la calle de los restaurantes. Creo que probamos todas las especialidades que había. Las ostras para llorar de alegría estaban!

Un poquito de nuestra Miyajima aquí abajo.

Ana

 

Kobe y Nara, Japón

Desde nuestra querida Kyoto hicimos un par de incursiones al territorio japonés. Agarramos el tren y visitamos las ciudades de Kobe y Nara. Nada que ver la una con la otra pero ambas son dos excursiones de día muy chulas si pasas por Kyoto.

Kobe y las vacas que no vimos

Kobe es una ciudad marítima conocida principalmente por su deliciosa carne de vaca. Se ve que antes de pasar a mejor vida, las reses son tratadas a cuerpo de rey. Se les masajea cada día, escuchan música clásica y comen pasto sembrado a mano. Vale va, esto último me lo he inventado, pero seguro que es de primera calidad.

En Kobe nos dimos una vuelta muy agradable. Hacía un día estupendo, lo cual no es habitual en el mes de noviembre en Japón. Lo que más nos gustó fue el paseo por el puerto, con un memorial del terremoto que devastó la ciudad en 1995, donde se puede ver una parte del puerto no restaurada tras la catástrofe. También destacamos un treking que bordea la montaña y que parte desde la estación de tren. Durante el recorrido se pueden ver unas cascadas y unas buenas vistas de la ciudad. De camino al tren de vuelta paramos a tomar un café en el Starbucks de Kitano, ya que está emplazado en uno de los edificios coloniales que hay por el barrio, y es definitivamente como estar en otra época.

Nara y los ciervos que si vimos

Nara es uno de nuestros tops de Japón. Es sin duda muy turístico pero realmente vale la pena un día entero en esta ciudad habitada por ciervos devoradores de galletas. Puedes tocarlos con cuidado pero solo te quieren por la comida, llámalos tontos. Toda una experiencia.

Además del parque de Nara, nos gustó mucho el Templo Todaiji con su gran buda en el interior, los jardines Isuen y el santuario Kasuga-Talsha con sus cientos de farolillos de bronce.

Echadle un vistazo a este resumen de fotos!

Ana