Lo que pasó luego… Indonesia

Finalmente, después de 10 días de retiro sin vernos de cerca ni hablarnos, Abel y yo nos encontramos en la puerta del Dhamma Sota a la salida. Fue muy bonito el reencuentro! Teníamos mucho que contarnos y estuvimos hablando todo el día. Muchas cosas nos dijimos que nos habíamos dicho antes y muchas emociones nuevas salieron a la luz. Éramos dos libros abiertos. Fue un gran acierto hacer esto juntos porque los dos entramos en una nueva dimensión a la vez, jajaja.

Nos quedaban pocos días para disfrutar de nuestro viaje largo antes de regresar a Barcelona. Justo antes del retiro pensamos que sería mejor aprovechar estos preciosos días en un lugar un poco más tranquilo que la India. Y como nuestro vuelo a Barcelona salía desde Jakarta, Indonesia, al salir del retiro nos pillamos un avión hasta el paraíso balinés de Uluwatu. Otro gran acierto!

Nuestro avión al paraíso salía desde Jaipur el 19 de febrero, el cumpleaños del Abel!!! Oh my God! 42 tacos de hombre! jajaja. Estaba emocionado, le encanta cumplir años! Estaba feliz con sus felicitaciones pero la verdad es que le faltabais los amigos y la familia! Aun así tuvo un cumple bonito, con tarta y regalito también!

Una vez en Bali, nos quedamos en Telaga Sari Guesthouse, un sitio idílico con un precio idílico cerca de Bingin Beach. Uluwatu es un lugar de bonitas playas y ambiente surfero tranquilo, especialmente en estas fechas de temporada baja. Aquí nos dedicamos a descansar y a planificar nuestra vuelta a casa… Home sweet home. Tiempo de conclusiones y miradas cómplices que significaban cosas así como “Qué grande lo que hemos hecho”.

El viaje de regreso estaba cada día más y más cerca… Y lo vimos llegar de una manera tranquila. Todo llega y todo pasa… C’est la vie!

 

Sihanoukville y la isla de Koh Rong, Camboya

Llegó el momento de descubrir las playas de Camboya que desde el principio nos tuvieron a la expectativa ya que no sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Y lo que nos encontramos fue de nuevo Camboya en estado puro…

Viajamos al suroeste unas 2 horas desde Kampot al pueblo costero de Sihanoukville, donde haríamos noche para coger un barco rápido a la isla de Koh Rong y allí empezar nuestro retiro playero de 9 días.

Por suerte, encontramos un Sihanoukville en temporada baja. Aún no habían llegado las ordas de turistas navideños y los baretos para guiris estaban a medio gas. Podíamos notar las miradas vampíricas de los comerciantes sedientos de sangre frescaaaaa…. No, en serio, Sihanoukville es un pueblo un tanto raro. Y es que fuera de los relucientes resorts de lujo con playa privada, la realidad apesta a basura amontonada en las esquinas. Y en la puerta de los varios casinos del pueblo, los inmaculados Rolls Royce de 400 mil euros se pierden entre la marabunta de desgastados tuktuks, que con suerte reciben 4 dólares por carrera nocturna. Esto es Camboya, un bello y triste contraste. De Sihanoukville destacamos una bonita puesta de sol contemplando el muelle de Ochheuteal desde la playa homónima.

Nuestra relación con la isla de Koh Rong empezó un poco torcida, como en las comedias románticas donde los protagonistas se atraen pero se sacan de quicio al principio. Atracamos en el muelle de Coconut Beach tras 2 horas y media de barco rápido y se nos quedó una cara graciosa al descubrir que el bungalow de madera que creíamos haber reservado resultó ser una tienda de campaña en la playa. Bueno, podemos cambiar, pensamos. Ilusos de nosotros habíamos supuesto que al llegar a la isla alquilaríamos una moto con la que inspeccionaríamos todo el territorio y nos asentaríamos donde más nos gustara. Pero pronto supimos que en Koh Rong no hay carreteras que comuniquen fácilmente los diferentes lugares y alquilar una moto cuesta 20 USD por día. Los desplazamientos por la isla se hacen en barco y cada trayecto oscila entre 10 y 20 dólares.

En la playita del Coco hay solamente 4 complejos de bungalows y tiendas de campaña por lo que la oferta de ocio y restauración es también muy escasa. Sin embargo, realmente es un lugar bonito. El contacto con el mar y el sonido de las olas nos parecieron alucinantes. Allí podríamos hacer deporte, leer y trabajar en nuestros proyectos desde una oficina sin paredes en el paraíso. Esa misma noche nos bañamos en el mar rodeados de plancton luminiscente que brillaba como purpurina al contacto con nuestros cuerpos en movimiento. Qué bonito!

En definitiva, nos vimos atrapados en una relación que no sabíamos si nos acababa convenir. Por un lado la playa nos gustaba mucho pero por otro quedarse allí significaba perderse lo demás. Como buenos inconformistas,  al día siguiente dejamos Coconut Beach a bordo de un barco taxi de camino a Koh Touch, el muelle principal, el pueblo «centro» de la isla. Las palabras textuales de Abel fueron: «Nos vamos, lo probamos y si no nos gusta nos volvemos con el rabo entre las piernas» y yo asentí.

En Koh Touch aguantamos poco, muy poco. Se trataba de un pueblo atestado de guesthouses baratas y bares de pub crawl las 24h. Precisamente el ambiente de happy hippismo festivo no era lo que andábamos buscando en ese momento y fue allí donde nos dimos cuenta de lo mucho que nos había gustado nuestra playa del Coco por lo que decidimos volver. Antes de irnos de la ruidosa Koh Touch aprovechamos para hacer el trekking hasta la cercana Long Beach. De allí nos llevamos unas cuantas picaduras de las famosas moscas de arena de la isla (cómo pican las condenadas) y la maravillosa sensación de bañarte absolutamente solo en una playa larga, de arena blanca y aguas turquesas. Inolvidable!

La receta para el resto de días en Coconut Beach fue muy sencilla:

  • -Dormir en tienda de campaña
  • -Meditación en la playa que no resultó fácil por el intenso ruido de las olas y el viento
  • -Deporte
  • -Baño en el mar
  • -Desayuno a base de huevos revueltos y café camboyano (aguado con la leche aparte)
  • -Leer y tertulia mañanera
  • -Duchita
  • -Ir a la «Biblio» como llamábamos a la terraza-bar del complejo de al lado con música de los 70 y una librería llena de libros donde trabajamos bastante inspirados
  • -Cena frente al mar
  • -Serie o peli en la tienda. Aquí nos fundimos la segunda temporada de Stranger things (muy recomendable si os gustó el cine juvenil de los 80).

Fueron bonitos y tranquilos nuestros últimos días en Camboya. De allí partimos a la capital Phom Phen donde cogimos un avión con destino a Tailandia, una vieja conocida para ambos. Nos llevamos un gran recuerdo de este país que os recomendamos visitar si andáis buscando un destino que os mueva por dentro. Gracias Camboya y hasta siempre!

Aquí os dejamos un resumen de nuestro paso por Sihanoukville y Koh Rong.